12/12: UN CONDENADO A MUERTE SE ESCAPA o EL VIENTO SOPLA DONDE QUIERE de Robert Bresson

Un condenado a muerte se escapa o El viento sopla donde quiere de Robert Bresson (Francia, 1956, 99′)

Un condamne a mort s'echappe 1

Hay algo interesante de pensar la relación de un cineasta con el título de una película. Digamos que los hay metafóricos, y con ellos el título es el corolario poético de la propuesta. Digamos por ejemplo: El sabor del sake de Yasujiro Ozu, o la tradición y la historia del Japón de posguerra en un par de tragos de la tradicional bebida de oriente. Los hay directos y concretos: John Ford y Fuerte Apache. Imposible entrar a verla sin saber que es un western. Imposible vislumbrar todo lo que cabe dentro de ese título tan escueto. También los hay alegóricos: Dios y el Diablo en la Tierra del Sol de Rocha o el retrato panfleto social místico llamado revolucionario al campesino nordestino del Brasil. Los hay poetas como Favio y su Crónica de un niño solo.
En este caso Bresson con Un condenado a muerte se escapa o El viento sopla donde quiere hace el juego de los concretos, pero como se sabe artista no puede evitar ser un poco poeta. Todavía no conocí a nadie que se refiera a esta película por su segundo título. Curioso. Los fanáticos, los cinéfilos, la llamamos solamente por su primer título. En cualquier caso Un condenado a muerte se escapa es el antitítulo de un película de intrigas o de fuga. Y eso hace precisamente Bresson. La historia es de lo más sencilla. Se basa en la crónica de André Devigny –Jean Fontaine en la pelicula–, oficial de la resistencia francesa en la 2da Guerra Mundial, capturado por los alemanes en Lyon, confinado a la cárcel de Fort Montluc y condenado a muerte por espionaje y demás actividades antialemanas. La captura y el confinamiento son, con suerte, los primeros tres minutos de película, mientras que la condena está adelantada desde el título. Lo que llamaríamos síntesis narrativa. Bresson, desde el título, sabe a dónde quiere llegar.
Me acordé de la lectura que hice de esa crónica: era un relato muy preciso, muy técnico también, de la fuga. Me acordé de esa lectura y recordé que me pareció de una gran belleza: estaba escrito en un tono extremadamente preciso, muy frío e incluso la construcción del relato era muy hermosa. Ahí había mucha grandeza. Tenía a la vez esa frialdad y esa simplicidad que hacen sentir que es la obra de un hombre que escribe con su corazón: esto es algo muy raro. 
Robert Bresson hablando de su filme
Simple y preciso. Dos palabras que podrían referirse perfectamente al trabajo de Bresson. No se trata de ilustrar con viñetas las dubitaciones morales y espirituales de Fontaine sino, por el contrario, de mostrar materialmente cómo afila la cuchara que será su herramienta, cómo combate con la puerta que lo aprisiona o desenrolla metódicamente, uno a uno, los alambres de un catre. Durante una hora y cuarenta minutos, sintetiza la lucha material de un hombre por su supervivencia. En principio, sobrevivir es una cuestión de fe, pero poco a poco se manifiesta materialmente en el peso de cada gesto, de cada acto de Fontaine, como lo es afilar una cuchara. Materialismo místico o misticismo materialista. No sabría decir. Pero sí puedo decirles que hay un plano, en el que una soga se tensa sobre un muro, en donde se nota, se siente, la fuerza eyaculatoria del ojo de la que alguna vez habló el Sr. Bresson. Ezequiel Salinas
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