11/12: VIENTO DE TIERRA de Vincenzo Marra

Sigue el trío de italianas (películas italianas). La segunda, de Vincenzo Marra, es una de las grandes películas del siglo que corre y ya también una de sus películas escondidas. Se ve que efectivamente pasa rápido el tiempo.

Viento de tierra de Vincenzo Marra (Italia, 2004, 90′)

Vento di terra 1

Cualquiera que haya estado en Nápoles, u oído de ella, o tenga un poco de imaginación sabe que la panorámica que inicia y culmina Viento de Tierra, ese lugar que fue el Reino de las dos Sicilias hasta el siglo XIX, es hoy una de las zonas más pobres, marginales y conflictivas de la península, olvidada por todos los gobiernos y sometida, como no podía ser de otra manera, al milagro berlusconiano de las últimas décadas. No en vano el último plano se abre hacia esa ciudad luego de la toma de Vincenzo mirando el documento que dice, precisamente, República de Italia, un círculo que se cierra frente a una realidad que ha cambiado, sino tan visiblemente, al menos sí profundamente. Ése el mundo que Marra filma, aquél que sospechamos no uniforme, con gente que ha perdido su precario empleo, o su empleo sin más, que busca desesperadamente uno, que migra para encontrarlo, que delinque al no encontrarlo. Un retrato acerca de un estado social a través de sus individualidades públicas y un correlato entre puntuales espacios interiores y exteriores que dan cuenta, al mismo tiempo, de la soledad personal y la compañía social. No es otra cosa lo que vemos cuando Vincenzo, en Milán, cruza una desierta cancha de fútbol para dirigirse a un departamento también desierto, o el desfile de botas en el patio y el sicótico ir y venir por las escaleras durante la instrucción, lo que a Kubrick en Nacido para matar le llevó media película -pero allí los “cobardes” se suicidan-, Marra lo logra en un par de escenas que dan cuenta realmente de la vejación y la angustia lacerante de ser tratado como alguien que no merece el menor trato, un no-otro, el mismo que pide un préstamo dentro de un banco y, acto seguido, está sentado en el banco de una plaza donde un gesto, casi imperceptible, nos informa que no se lo han otorgado, no es otra cosa también la escena donde la hermana le relata, en la cocina, el incidente con el tío por lo que Vincenzo sale de la casa descargando su ira en esos ¿por qués? que no encuentran ninguna respuesta porque acaso aquellos sobrepasan infinitamente a éstas. A cada escena interior le corresponde una exterior y viceversa, el dentro y el afuera, el arriba y el abajo, dando cuenta de las asimetrías societarias y sociales, una vista de la soledades y de las compañías, de las ilusiones y de los desencantos, del egoísmo y de la solidaridad. Acaso un film ¿neo-estructuralista? ¿neo-neorrelista? Probablemente no un documental ficcional ni una ficción documentalizada, seguramente un film político, inevitablemente un film con sensibilidad, y tal vez por ello Marra apela a los afectos familiares y personales, quizás el último reducto de un sistema estructural y de un horizonte societario que presume en haber terminado de cerrar su círculo en torno al no future -pero para algunos, claro está. Aunque para esos algunos los círculos podrían ser sólo una figura geométrica más. Fernando Pujato
Martes 11/12 a las 20.30 hs. en Cinéfilo, Bv. San Juan 1020.
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Una respuesta a 11/12: VIENTO DE TIERRA de Vincenzo Marra

  1. Jorge H dijo:

    Haciendo honor a la mejor tradición del neorrealismo, Marra nos entrega un filme lleno de aciertos. Retratando la vida de una familia obrera napolitana, nos pinta un fresco de los padecimientos, y escasas alegrías, de este sector social en una de las ciudades más populosas y pobres de Italia. La lucha por la subsistencia diaria, es retratada por Marra con indudable destreza narrativa. Apoyado en un grupo de actores extraordinarios, las escenas evitan cualquier tono melodramático. Muchos de los hechos más importantes son narrados de modo sumamente original: la muerte del padre, la búsqueda de trabajo de la hermana, el maltrato en el ejército, la búsqueda de vivienda y el desalojo de la madre. Todos momentos de gran angustia, que se cuentan, en la mayoría de los casos, con gestos mínimos pero elocuentes. La desesperación por salir de la pobreza y la necesidad de encontrar un medio de vida, lleva a nuestro joven protagonista Vicenzo, a trabajar en dos puntas opuestas: primero con una banda de asaltantes y luego ingresando en el ejército. Pero conseguir un trabajo no acaba con los padecimientos. También existe la condena opuesta. Jornadas interminables, doble empleo, salarios paupérrimos, daños graves a la salud (contaminación con uranio), turnos rotativos (de los dos hermanos: ella en la Fiat y de Vicenzo en el ejército), autoempleo y autoexplotación (en el caso de la madre). Marra, expone como contrapartida positiva, la unidad del grupo familiar para sobrellevar todos los infortunios y también, en el caso de Vicenzo, la amistad, como forma de consuelo y contención.

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