7/12: VIDA SIN PRINCIPIOS de Johnnie To

Continúa “Esto no es un ciclo” con una obra maestra de Johnnie To que mezcla el thriller con las crisis económicas globales. Imperdible.

Vida sin principios de Johnnie To (Hong Kong, 2011, 107′)

El código de Panther

por Fernando Pujato

Los films acerca de las crisis locales o mundiales, ahora que pareciera, efectivamente,  que nada ni nadie puede escapar a los efectos de esa entelequia llamada mercado, difícilmente puedan mantener, con el paso del tiempo, en esa suerte de repentización fílmica, la idea de que estamos asistiendo a un momento que cambiará, de una vez y para siempre, la vida de un número indeterminado de personas. Los podemos ver nuevamente, consultarlos históricamente, compararlos con la sobreabundancia de información que tenemos con respecto a, pongamos por caso emblemático, la crisis del ’29 en Norteamérica, podemos incluso -y esto quizá sea más placentero- recordar Tiempos modernos o Sucedió una noche, podemos rastrear en la memoria escenas y planos, incluso indignarnos un poco con la fantochada de Wall Street, pero es poco probable que encontremos “el” film sobre la crisis financiera global, es un poco como encontrar “el” film sobre la Primera o la Segunda Guerra Mundial o el de la de la Historia de la Humanidad que, para el caso, es más o menos lo mismo.

Life without principle

Pero está Vida sin principios, que bien podría ser una excusa juguetona para mostrar el efecto de una crisis reciente, la de Grecia, sobre algunos personajes que están involucrados directamente en el circuito financiero, otros que lo están sólo indirectamente, y otros que no lo están en absoluto, y mostrar cómo se las arreglan, directa e indirectamente, consciente o inconscientemente, para escapar de esa situación, o cómo tratan de hacerlo cuando saben que ya no hay escapatoria posible, o cómo les pasa de lado sin que ellos siquiera adviertan que un mundo se está desplomando. Podría ser también otro tipo de juego, presentarnos una joven y bella empleada de banco a la cual no le va muy bien en su trabajo, presionada para elevar su rendimiento al máximo porque sus compañeros rinden lo que deben rendir en la empresa que cobija sus inciertos presentes, sabe que está engañando a sus potenciales clientes ofertándoles un paquete de acciones que sabe son absolutamente riesgosas pero también sabe que si no lo hace será despedida, una suerte de encrucijada moral allí donde esa palabra no existe, un no tan joven inspector de policía al cual le va muy bien en su trabajo lo cual quiere decir que resuelve un asesinato, salva a un anciano que ha trabajado toda su vida de todo pero vive en una miserable pensión y quiere quitarse la vida con una garrafa de gas y un encendedor, pero no tan bien en su matrimonio, lo cual quiere decir no sólo que está casado sino que no tiene tiempo siquiera para ponerse de acuerdo con su esposa en la compra de un departamento y decidir si debe adoptar a una pequeña hermana que recién aparece en su vida, y una suerte de hampón caricaturesco al cual no le va bien ni mal, recolecta los obsequios de cumpleaños de su jefe sin quedarse con un centavo, junta dinero para sacar de la cárcel, una y otra vez, a su “hermano juramentado”, y se inmiscuye en apuestas de la bolsa sin tener la más mínima idea de qué se trata todo eso sólo para salvar a otro amigo, un poco a la manera de los personajes de Tres padrinos, de John Ford, él hace lo que se debe hacer sin pensar demasiado, sin pensar en absoluto, qué puede ocurrir en ese hacer. Sí, podría ser esto lo que ocurre en el film de To, pero no precisamente en su superficie, un paneo sobre algunas dificultosas situaciones individuales de alguna otra situación dificultosa un tanto más general, una muestra del delirio colectivo que puede desatar ese otro delirio bursátil global, la vista de una irremediable decadencia bancaria, de una mafia casi barrial y poco creíble, de una institución policial poco menos que impoluta, porque esto es lo que se desprende del film, aquello que podemos inferir, equivocadamente o no, de lo que les acaece a sus personajes que, ya lo sabemos, es un film de To, no serán maltratados, ni utilizados, ni juzgados, en pos de demostrar que se sabe filmar o contar una historia o ambas cosas a la vez. Porque Vida sin principios es, en definitiva, un código, no sólo el de Panther, el único quizá que mantiene sus principios contra todo y contra todos, él único al que no le interesa ni el dinero en sí mismo, ni un trabajo legal, ni cumplir con un mandato institucional, sino tan solo mantener la palabra empeñada, sin preguntar por qué se la debe mantener, sin preguntarse por qué esto es así, sino también un código cinematográfico que muy pocos directores poseen en la actualidad, un tanto cercano al cine clásico porque pareciera que una mano invisible digita toda la puesta en escena y un tanto cercano también al cine moderno, no tanto por esa andanada de flashfowards anticipatorios, o esos magistrales primeros treinta minutos donde el deseo circula en un espacio absolutamente cerrado, o en la alternancia de situaciones y personajes que no sabemos si se encontrarán en algún momento, de qué manera y cómo, sino porque instala, de principio a fin, ese sentimiento, o esa sensación, de cambio permanente, de mutación, de personajes envueltos en un torbellino que no les pertenece, un boomerang sin retorno, un mundo hacia otra deriva. Cuando Panther cruza de noche esa cualquier avenida de Hong Kong repleta de gente, con un cigarro en la boca y una sonrisa en los labios, sabemos que aún se puede filmar la felicidad.
Viernes 7/12 a las 20.30 hs. en Bv. San Juan 1020.
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