5/12: EL DIABLO, PROBABLEMENTE de Robert Bresson

El diablo, probablemente de Robert Bresson (Francia, 1977, 95′)

Le diable, probablement

No confundir lucidez con pesimismo, respondía Robert Bresson interrogado sobre el carácter ominoso que tenían sus últimas películas. Es que sus films, particularmente los que filma a partir de 1970, constituyen la manera que tenía no ya de expresar sino de comunicar sus pensamientos (su mirada) del tiempo que le tocaba vivir. Esto se puede aplicar a cualquier cineasta, se podrá decir, y en la mayoría de los casos se acertará. Lo notable de Bresson era (es) cómo logra trasmitirnos su idea del cine(matógrafo) y del mundo. El diablo, probablemente comienza con unas noticias en la prensa del suicidio de un joven, que se convierte en asesinato. Bresson resta dramaturgia (le quita el por qué) y se centra en la manera en la que Michel (Antoine Monnier) llega a esa situación.
Michel es (como Mouchette, como Balthazar, como Lancelot) un desclasado, alguien incómodo de su estar en el mundo. Sus amigos, sus compañeros, sus novias viven en una permanente situación de apatía, de tristeza en la coyuntura que les toca vivir. Deambulan entre mitines nihilistas, católicos, ecológicos, reuniones pseudo hippies, sin que nada los convenza, como si tuvieran una eterna resaca. Quizas sea porque como dice Alberte, una de las novias de Michel, “ya es demasido tarde para la revolución”. A Michel ni siquiera las drogas lo seducen, ni tampoco “la felicidad que viene de la tajeta de crédito”. En una sesión de psicoanálisis (la última escala) Michel encontrará un posible camino para su destino. El dispositivo tras(ascendente) bressoniano narra esto en un largo flashback con una extraordinaria utilización del sonido, no sólo en la recordada escena de la iglesia, sino también en la caída de los árboles, la secuencia del colectivo y sobre todo cuando Michel se detiene a escuchar la música que proviene del interior de una casa (y que muestra como ningún otro el poder y la influencia de la música en nosotros). El pesimista en el fondo quiere mejorar las cosas, cuando Bresson habla de lucidez está diciendo que el mundo se volverá ecológica, religiosa y políticamente inhabitable, es decir el mundo en que vivimos. José Fuentes Navarro
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