30/11: LA MUGRE Y LA FURIA de Julian Temple

La mugre y la furia de Julian Temple (Reino Unido/Estados Unidos, 2000, 108′)

por Santiago González Cragnolino

Lo que han visto sobre cualquier documental sobre cualquier banda es lo maravilloso que es todo. Esa no es la verdad. Es un infierno, es difícil, es horrible. Pero si sabés porqué lo estás haciendo vas a tolerar todo, porque el trabajo al final del día es lo que importa. Nos la arreglamos para ofender a toda la gente que nos tenía los huevos llenos.
Estas palabras las pronuncia John Lydon, cantante y cerebro de los Sex Pistols en los primeros segundos de La mugre y la furia. La películaes el anverso de ese paradigma del que habla Lydon. Como casi todo documental de rock construye un relato lineal y sin fisuras sobre la leyenda aunque en este caso la historia no tiene un final feliz: es una de ascenso y caída, que ninguna moraleja puede rescatar (aunque lo intenta).
The filth and the fury
¿Cómo escapar del paradigma del rockumental cuando tus ídolos están ahí presentes para perpetuar el mito? Lamentablemente Julian Temple cae en esa trampa. Afortunadamente es lo suficientemente talentoso como para realizar un film con peso propio. Temple sorprende en su minuciosidad para enlazar imágenes, en su sentido rítmico para montarlas y sincronizarlas con sonidos; el film se oye como un disco. Claro que la película cuenta con canciones del grupo, pero las intervenciones y manipulaciones en la banda sonora son siempre ajustadas. Es casi un remix, o mejor aún, una reimaginación de la breve obra discográfica de la banda.
Esto no quiere decir que las imágenes sean accesorios. Las imágenes de archivo tienen esa capacidad casi inherente de fascinación, al transportarnos a otro tiempo, al crear la ilusión de cercanía con una intimidad que compartieron aquellas personas con la cámara. Pero las imágenes no son souvenirs para el fan, o ilustraciones de lo que relatan los protagonistas de la historia. Son parte de un juego con las canciones, que resultan en un espectáculo cinematográfico.
La película como un todo es un aporte, una ampliación y un epílogo del universo estético que empezaron los Sex Pistols a mediados de los setenta y que comenzaba con la música pero que la trascendía. Los Pistols crearon una especie de banda-manifiesto artístico desde el arte de tapa de sus discos, desde los posters de promoción, desde su forma de vestir; en sus shows en vivo, en sus raids mediáticos, en esa gran puesta en escena que fue su carrera desde 1976 hasta el fin, en 1977.
La película se sirve de toda esta iconografía que dejaron como legado en ese año incendiario y lo mezcla con todo tipo de materiales. Julian Temple usa el archivo televisivo como una suerte de memoria colectiva para dar un contexto histórico a la aparición de la banda. Así las imágenes de los Sex Pistols se mezclan con comerciales de la TV inglesa, películas de ciencia ficción de clase B, talk shows, programas humorísticos e informes de noticieros de la época. El resultado no es un pastiche ya que Temple tiene un pulso firme para dirigir y ordenar los elementos, de forma que lo que vemos, por más veloz y trepidante que se sucede frente a nuestros ojos, mantiene la coherencia de su discurso. Para reforzar esto el orador estrella de la película es Lydon, una de las voces más inteligentes y singulares surgidas del rock.
El cantante, al igual que sus compañeros de banda aparece en las entrevistas como un espectro: filmado a contraluz y con el audio ligeramente desfasado, no logramos vislumbrar la imagen del John Lydon cincuentón. Quizás es una forma de preservar al antihéroe de toda esta historia, al alter-ego de Lydon: Johnny Rotten como se lo conocía por esas épocas de gloria/decadencia. Aquel joven demonio que dominaba la atención en cualquier escenario, ese iconoclasta cuya voz estaba cargada de historia aunque pretendía ser solo presente (“no hay futuro” cantaba), ese tipo que transformó cada presentación de su banda en una performance, ese pibe de 20 años que “liberó una guerra contra Inglaterra sin quererlo”. Con todos los méritos que posee la película, el de contar con ese personaje ya hace que La mugre y la furia merezca ser programada en algún ciclo.
20.30 hs. en Cinéfilo, Bv. San Juan 1020.
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