Mar del Plata 2012 (5)

Especulaciones a la gallega (I)

por Martín Alvarez

Momento para una entrega dedicada a Fernando Pujato, fan número uno del cine español en Córdoba, aprovechando que ayer fue el día más gallego que tuve desde que voy a festivales. Todo empezó cuando tuve que ir a filmar el seminario que daban Alejandro Alvarado y Concha Barquero, cineastas malagueños y autores de Pepe el andaluz, que se exhibe en el festival y de la que hablaremos en instantes.
Podríamos decir que Cecilia Barrionuevo, alguna vez programadora del Cineclub Municipal en Córdoba y desde hace unos años programadora de Mar del Plata, es algo así como el Tony Rayns del nuevo cine español, y quizá en unos años los gallegos tendrán que homenajearla con una película como hicieron los coreanos con el británico. Desde que trabaja en el festival, Barrionuevo viene descubriendo una rama de cine español joven, abocado fundamentalmente al documental (me atrevería a decir que son todos documentales, pero es tarde y no llego a corroborar) y a la experimentación sobre soportes digitales. Esto empezó hace dos años, cuando Cecilia invitó a las películas de Lluis Escartín Lara (un tipo muy simpático con quien hasta casi nos emborrachamos en Córdoba), el colectivo Los Hijos y Todos vos sodes capitans de Oliver Laxe. En esa ocasión me interesaron los cortos de Escartín Lara, una especie de bohemio trotamundos, también alumno de Mekas, y de quien recuerdo Amor (una incómoda entrevista a un ex soldado israelí), Mohave Cruising (un delirante diálogo encima de un auto en el desierto de Texas) y Nescafé Dakar (observación de un vendedor de café y su esquina, filmado desde una ventana mientras Escartín convalecía por un accidente). Hay varios cortos de Escartín en Vimeo y le recomiendo al lector que se de una vuelta. Aquel año también vi Los materiales, debut en el largomentraje de Los Hijos, pero en nombre de la verdad, lo que recuerdo fue que me dormí. Como ando flojo de memoria más vale aconsejo buscar en La Lectora Provisoria la serie de Quintín para el festival de 2010, donde comentó varias de estas películas.
Hay algo de secta en este nuevo movimiento de cineastas gallegos (o cine gallego alterado), en su mayoría asociados a la academia y a un discurso muy teórico sobre el cine donde se destaca la tesis de que la revolución digital estará acompañada de una revolución radical en las formas del cine. Se trata de gente con una jerga común, y a la que es inevitable oírle en algún momento los términos “representación” y “dispositivo”, conceptos de moda en las teorías documentales de los últimos años (acaso de los últimos 30). Así como entre los cineastas de la nouvelle vague se estilaba pasar por la crítica antes de intentar con el cine, los gallegos acostumbran pasar un tiempo por las aulas, siendo por lo general gente con alguna ocupación universitaria además de hacedores de películas. Tampoco resulta casual que muchos de ellos tiendan a hablar de “análisis” en lugar de “crítica”. Recuerdo que en aquella función de 2010 de Los Materiales, el mismo Quintín le preguntó a Los Hijos quiénes vendrían a ser “Los Padres”. Si bien la respuesta no fue del todo clara, sí parecía evidente que se proponían matar (o al menos desacralizar) a Erice, papa histórico del cine español a quien reescribían en El sol del sol del membrillo y directamente menoscababan en Los materiales. Se veía que su condición de hijos menos que la de continuadores de una familia aludía a la de aquellos hijos empeñados en sacar de quicio a sus padres. Un colectivo iconoclasta que se autoasumía vanguardista y que aspiraba a un cine desprovisto de deudas con la tradición cinematográfica, y no sólo la de su país: en Los Materiales también la ligaba Angelopoulos y me parece recordar que Kiarostami. En este contexto, Escartín se veía como una excepción, un individuo que parecía ajeno a esta suerte de aura común, e incluso se distinguía en su discurso, más próximo a lo místico que a lo catedrático. Aunque también, en la charla que mantuvimos con él en la casa de Mato Ludueña, hablaba deslumbrado de Andrés Duque, director nacido en Venezuela pero radicado en Barcelona y que ya aparece como una de las figuras centrales del movimiento. Color perro que huye de Duque estuvo en 2011 acá en Mar del Plata y la vi, pero prefiero no hablar porque fue una proyección del subgénero accidentado, con la mitad de la película muteada y sucesivos cortes y reinicios (hablando del tema: maldito sea el tipo que proyectó For love’s sake de Miike en el Auditorium). Este año está invitado su Ensayo final para utopía, que no vi pero del que Roger Koza habla muy bien en Twitter. La secta gallega tiene su cónclave periódico en el recientemente salvado Festival Punto de Vista de Navarra, el máster de documental de la Universidad Pompeu Fabra como una de sus catedrales fundamentales y escribas como Josetxo Cerdán Arcos, Santos Zunzunegui, la extinta revista Pausa y la web Blogs & Docs. Su centro geográfico se constituiría en el “triángulo Barcelona-Madrid-País Vasco”, según lo nombró hoy Alejandro Alvarado en el seminario. (Estaré agradecido con cualquier gallego que lea esto y considere necesaria alguna corrección para esclarecer el asunto.) Gracias a un sutil acto de contrabando, tambíen está dando vueltas por el festival, digamos semiclandestinamente, el libro Territorios y fronteras, editado por Vanesa Fernández y Miren Gabantxo para la Universidad del País Vasco. Se presenta el jueves y se anuncia como un intento por cartografiar estas efervescencias gallegas. Ceci Barrionuevo me lo pasó hoy generosamente y tan solo llegué a leer el prólogo de Santos Zunzunegui, que me pareció más que nada redundante, pero al fin y al cabo así es como suelen escribirse los prólogos (incluso esta introducción mía). El libro tiene precio de ganga e inaugurando la sección de servicios de esta cobertura dejo la foto de ambas chicas para que si las cruzan les pidan uno (confío en que Ramiro Sonzini va a hacer lo posible por encontrarlas):

Basta de vueltas y pasemos a las películas. Después del seminario de Alvarado y Barquero me tenté y ala tarde fui a ver Pepe el andaluz, cuyo título sencillo, más propio de un héroe de florete que de una película extrema puede que no seduzca a los cinéfilos más exigentes. Se trata de un documental en primera persona en que Alvarado sale a buscar a su abuelo, un franquista emigrado a Argentina unos años después de terminada la guerra civil, y cuya huella se perdió otros años más tarde en alguna parte de Buenos Aires. Confieso que tengo simpatía por estos documentales concentrados en personajes políticamente desagradables. Así como la estela de los totalitarismos del siglo XX ha producido todo un género que podríamos llamar de resarcimiento, o de reconstrucción histórica, con el correr de los años ha surgido también un tipo de película más bien cómoda que indaga el pasado para terminar replicando una visión amarmolada muy a tono con la historia oficial. Los retratos de exterminadores y represores, más de una vez, al ceder la voz al personaje y entrevistarlos con cierto distanciamiento, nos permiten acceder al costado más crudo del horror y enfrentarnos con su dimensión humana. Hay algo muy valiente en ese tipo de proyecto, que en Argentina tendría un ejemplo en Juan, como si nada hubiera sucedido, gran documental del barilochense Carlos Echeverría. Otra que recuerdo ahora es Duch, el amo de las fraguas del infierno, del camboyés Rithy Panh, la mejor película que vi en el último Bafici, en que un jefe del Khmer Rojo cuenta en detalle su historia como verdugo a cargo del campo de exterminio S-21
Pepe el andaluz, de cualquier manera, es una película muy distinta a estos ejemplos. Alvarado y Barquero hacen una película que no transcurre de cara al horror sino en el clima un poco más ligero de una sobremesa familiar, en que más que la historia política del personaje los inquieta la manera en que su desaparición y su ausencia dejó marcas en los familiares. Desperdigados en distintas partes del planeta, la situación obliga a los directores a moverse por España, Polonia, Francia y finalmente Argentina (donde aun vive la nueva familia que Pepe formó tras venirse de Europa). Como en los policiales, hay un juego de ida y vuelta entre los testimonios y el conjunto de documentos que va haciendo aparecer la investigación. Alvarado y Barquero hilan habilidosa y lúdicamente, a partir de la voz en off del primero, un material sumamente heterogéneo en que conviven archivos privados y públicos, colecciones de cartas, registros civiles, una banda de música electrónica. La película, que empieza con una canción de un antiguo dibujo animado gallego, pese a trabajar en el terreno de la ausencia y del duelo, no resigna la alegría y el juego. Los directores también definen al film como un melodrama, y algo de eso hay, ya que Pepe el andaluz es principalmente la historia del amor trunco entre María, la abuela, y Pepe, el casanova franquista. Vemos, también, que mientras la madre de Alvarado es un poco esquiva y contradictoria, el tío en cambio ve la posibilidad de hablar ante la cámara como una vía de catarsis y se muestra agradecido. Hay como dije un tono ligero, también muy humano y muy fresco en toda la película, además de que su suspenso trabajado lealmente y la sensación de una película que crece ante nuestros ojos la hacen verdaderamente entretenida. Al final, los directores viajan a Argentina y Alvarado conoce a toda la rama familiar local que dejó Pepe (una experiencia que personalmente me aterrorizaría). Aparecen nuevas fotos que muestran a Pepe ya más entrado en años y más crecido de barbas, Alvarado deja flores en la tumba de su abuelo y las hermanastras argentinas le hacen escuchar un cassette donde Pepe canta tango. Es un final gratificante, en que la larga travesía de búsqueda que compartimos con los directores deja un sabor triunfal y emociona. A veces una película no es más que encontrar la voz de una foto. Es, ciertamente, mucho más de lo que estamos acostumbrados a ver. Pero además, junto a este final feliz queda flotando una pregunta incómoda, la más impenetrable de la película, aquella vinculada a cierto motivo puntual que hizo que Pepe emigrara a Argentina luego de haber participado de la guerra civil y de haber permanecido encarcelado por unos años. La abuela habla de “algo muy grave ” y los registros oficiales no aclaran nada. Queda en el aire la sospecha de que sobre la historia secreta de Pepe planea también una zona silenciada de la historia española vinculada al derrotero de los franquistas en los años inmediatamente posteriores a la guerra, y es un gran mérito de la película inquietar ese misterio.
Paro acá. Quería escribir sobre El jurado, la otra gallega que vi ayer a la tarde, pero tengo que ir a ver Vida en sombras, la obra maestra más grande de todos los tiempos según asegura Roger Koza. Y acaba de llegar sms de Sonzini avisando que ya me sacó para Ruiz. Qué alegría. Me voy a corroborar cuánto hay de cierto en todo esto y puede que haya novedades más tarde.
Esta entrada fue publicada en Festivales/Muestras, Mar del Plata 2012, Textos/Críticas. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s