14/11: LOS ÁNGELES DEL PECADO de Robert Bresson

La ópera prima de Bresson esta noche en Cinéfilo.

Los ángeles del pecado de Robert Bresson (Francia, 1943, 96′)

Luego de pasar dieciocho meses como prisionero en un campo de concentración alemán, el joven Robert Bresson vuelve a París con la idea de hacer su primer largometraje. Conoce al fraile Bruckberger y comienzan a escribir el guión de Los ángeles del pecado inspirado en la vida y el quehacer de la orden dominicana de Bethany, encargada de dar asilo y cuidado a ex presidiarios. La película se estrena en 1943, en plena ocupación nazi. En ese entonces Bresson no era un maestro del cine, ni había escrito sus Notas sobre el cinematógrafo ni estaba convencido de que los actores le quitaban al cine cualquier posibilidad de ser tal. Sin embargo encontramos algunas huellas de las ideas que luego desarrollaría a lo largo de toda su carrera.
Comienza a explorar el significado del confinamiento y la libertad. Cómo el hecho de encontrarse encerrado en un espacio físico y despojarse de casi cualquier bien material es una condición necesaria para la liberación espiritual de sus personajes.

La película transcurre en el interior del convento. Un encierro absoluto, en el que las monjas pierden contacto con el mundo exterior, con la excepción de las visitas a la cárcel que realizan para reclutar posibles nuevas hermanas. El espacio que Bresson construye a través de la puesta en escena está impregnado de una oscuridad densa, casi infranqueable, que vuelve al espacio y al tiempo una celda en la que uno se siente empastado por un barro muy espeso. Dentro de esta atmósfera el movimiento es imposible. Éste tiene lugar dentro de los personajes, y es el de sus espíritus llevando adelante una lucha contra ellos mismos.
Bresson no trata de mostrar este movimiento a través de metáforas o simbolísmos, lo que hace es ir quitando elementos, despojando su puesta, llegando al límite de lo ascético para, por fin, ocultar en vez de mostrar. El rostro agonizante de Ana María constituye un abismo en el fondo del cual se encuentra el motivo de su lucha espiritual, la consolidación de la fe. Pero nunca veremos el fondo, simplemente el rostro que se constituye como la evidencia de lo oculto.
Por último, el extremo cuidado de no llevar la película al exterior, al espacio público, y a pesar de que no hay referencias que explicíten el año en que transcurre la película, nos lleva a pensar invariablemente que fuera de esas paredes, de ese convento se encuentra la ciudad de París asediada por las tropas nazis. El fuera de campo, en este caso, habilita una relectura completa de la película. Ramiro Sonzini
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