7/11: EL DINERO de Robert Bresson

Llega nuestro turno de largada para la retrospectiva de Bresson que organizamos conjuntamente con Pasión de los Fuertes y que empezaron ellos el sábado precedente. Puede que esto no sea un ciclo de suspense, ya que lo primero que mostramos es el final.

El dinero de Robert Bresson (Francia/Suiza, 1983, 85′)

En una conferencia dictada en Japón durante el 2005, el director portugués Pedro Costa declaraba que la función primordial del cine “es hacernos sentir que algo no está bien”. Más de veinte años antes, el cineasta francés Robert Bresson ponía en imágenes esta idea en la que se convertiría su canto de cisne: El dinero (1983), una película violenta, pesimista y materialista. Si bien otro proyecto (El Génesis) lo mantenía ocupado mientras conseguía financiamiento para rodarla, lo cierto es que El dinero fue su despedida de un mundo que en muchas ocasiones le dio la espalda; pero al mismo tiempo, la apoteosis de un método personal, su conjunción divina y material perfecta,  que fue experimentada a lo largo de toda su filmografía y sintetizada en sus Notas sobre el cinematógrafo (1977). Un trabajador de clase media, Yvon, se ve inmiscuido en una serie de acontecimientos con la policía, a partir de la falsificación de un billete introducido por una dupla de jóvenes burgueses. Ese sería su argumento principal, no obstante, aquello que resulta más cautivante es el modo en el que se construye, progresivamente, el trágico periplo de su personaje, a través de las ausencias, de lo incognoscible y lo indecible. Bresson señalaba que cuando pensaba en una imagen, lo hacía teniendo en cuenta su relación con otras dos imágenes, la anterior y la posterior. En El dinero, las acciones se desencadenan como un torrente de causas y efectos que saltan magníficamente por el espacio a través de la elipsis. Las puertas que se  que se abren y cierran funcionan como límites para la mirada, obligando una atención constante sobre los detalles, a lo que acontece “escondido” en el interior del plano y lo que resuena por fuera de éste. Yvon es un auténtico “modelo” bressoniano: su emoción atenuada a un grado cero de expresión, es capaz de contener toda la ira del mundo en el gesto duro de sus músculos faciales. Sin embargo, cuando la violencia física arriba, lo hace irrumpiendo en la imagen, como una explosión súbita que se manifiesta, por ejemplo, en el gesto rabioso de una mano extendida. Y también está el dinero.  Obviamente, aquel agente que digita físicamente el macabro circuito, ya sea en sus primeros planos obsesivos y recurrentes de manos traspasándolo; como en su dimensión sonora: ¿alguien escuchó un billete sonar así de crujiente alguna vez? Asimismo, se revela su dimensión simbólica, en la visibilización de los efectos ocultos y nefastos que genera la estructuración del mundo según el capital, su corrupción y burocratización. Bresson devuelve, a través de su cinematógrafo,un severo y desalentador reflejo sobre el devenir de estos tiempos modernos.  Pero ¿qué es aquello que convierte su estilo en algo tan propio, prácticamente inimitable? Es el realismo de su representación de lo vivido, la vitalidad que emerge y trasciende de esos planos minimalistas, reverberantes en todos sus rincones. Aquella sensibilidad única, capaz de expresar el bien y el mal con exacta intensidad y belleza. Eva Cáceres
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