5/10: TODOS RIERON de Peter Bogdanovich

Los hermanos Gabriel y Paul Von Sprecher presentan una nueva función del ciclo “Sálvese quien pueda (de los 80)”, dedicado a la década ídem. Elijen una gran comedia de Peter Bogdanovich.

Todos rieron de Peter Bogdanovich (Estados Unidos, 1981, 115′) + Corto previo: Ancient of days de Bill Viola (Estados Unidos, 1979, 10′)

Todos rieron se escapa de la época en que fue hecha. Se escapa del cine americano ochentoso (más allá de la ropa, las discotecas y los patines de colores). Peter Bogdanovich amaba el cine clásico y toda su filmografía es el reflejo de su necesidad de hacer cine como en esa era dorada, fuera la que fuera la fecha en que filmaba. La película tiene naturalidad, fluidez, pareciera reflejar que Bogdanovich interiorizó de tal manera el cine clásico que su mirada y su trabajo se ha vuelto transparente, invisible, como ocurre con los grandes directores de aquella época.
De alguna manera, Todos rieron da a entender que el cine clásico va mas allá de ciertas formalidades que lo diferencian del moderno. La película no tiene demasiada trama, no hay estrellas (o por lo menos las estrellas eluden ese lugar: los envejecidos Ben Gazzara y Audrey Hepburn no toman esa posición), hay un espacio, un cierto movimiento y a la película le basta con eso.
¿Por qué, entonces, elegir Todos rieron en un ciclo sobre los ochenta? Los ochenta son una década del cine (estadounidense) que se define por un estilo o más bien una onda. Quizás Flashdance o Top Gun puedan considerarse películas ochentosas, pero otras como Gremlins o Volver al futuro me parecen más cercanas a este “cine clásico de siempre”, aunque hayan quedado calificadas como ochentosas por su éxito en el momento, en un contexto en que pareciera que la necesidad de crear una identidad a través de íconos pop era muy necesaria (Gremlins constituye un ícono de una época antes que una película de una época).
Y  en contraposición a esta idea general del cine estadounidense de los ochenta, que viene de una cuestión de modas y no desde lo que ocurre concretamente con el lenguaje cinematográfico, la película que elegimos representa de un tipo de cine que existe más allá de su fecha de realización. El cine clásico no tiene por que ser limitado a la época de oro de Hollywood previa a los 60; se trata de un cine, me parece, que sigue existiendo incluso en lo que se denomina cine moderno, en Rohmer o en Weerasethakul está presente el cine clásico, y en toda época, porque ante todo es cine y nunca murió a pesar de lo que diga Godard (al contrario de lo que hace).
Por otro lado también elegimos pasar un corto de Bill Viola que poco tiene que ver con la película de Bogdanovich pero mucho tiene que ver con los 80, la época del video.
Viola, con financiamiento de Sony, empieza a investigar esta nueva forma de registro. El video parece eliminar algo que caracterizaba al celuloide, al cine, el tiempo fragmentado, las 24 imágenes por segundo. Mientras que en el video, en la cinta magnética o en el tubo de rayos catódicos, el tiempo pareciera escapar de esa división, por fin es un tiempo continuo, un registro real del tiempo, o eso parece. Viola se dedicará a investigar y cuestionar esa nueva forma de registrar el tiempo experimentando las formas de truncarlo o trabajarlo con el video, una reflexión que se puede extender a la videoinstalación o a la transmisión en vivo mediante este sistema. El video, el VHS, es una nueva manera de registrar y consumir que dejará su marca en los 80. Gabriel Von Sprecher
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