28/9: LA MUJER POSEÍDA de Andrzej Zulawski

Alejandro Cozza nos trae la descarriada y maldita “La Posesión”. Si a alguna de las películas programadas en “Sálvese quien pueda (de los 80s)” le cabe el epíteto de rareza sin dudas es a esta.  

La mujer poseída de Andrzej Zulawski (Francia/Alemania Occ., 1981, 127 min.)

En estado de shock

por Alejandro Cozza

En la misma semana que me piden elegir y justificar mi elección de la mejor película de los ‘80, o al menos de alguna significativa* , se estrenaron en Córdoba películas como Los indestructibles 2 y La Era del Rock, films fechados en el mismo período histórico y ejemplos de la retromania (Simon Reynolds dixit) que tanto nos acosa y que en el fondo nos debe gustar, con o sin culpa. Pensar entonces en los ’80 y elegir una película me llevó a la introspección conmigo mismo (¿acaso no es eso la nostalgia?) y recordar a La mujer poseída de Andrzej Zulawski. Conocí esta película hace mas de 10 años, la proyectó Fabio Manes (¿quién si no?) en el Arrope, ese Cineclub único que aterrizó como Ovni en una vieja casona frente a la plaza de Alta Córdoba y nos alucinó y transportó -a los pocos concurrentes que íbamos a sus funciones- a lugares desconocidos del cosmos cinematográfico. Esto era en una época, que suena tan lejana (ay, la nostalgia), en donde no existía prácticamente internet (y menos que menos se podría imaginar que se podrían bajar películas de todos lados y de cualquier tipo) y el DVD recién empezaba a circular tímidamente como algo que los gringos (o los chinos) habían creado y que se consumía en otro mundo (¿¡cómo?! ¿¡No hay que rebobinarlos!?).

En ese entonces la película alteró mí percepción (¿cinematográfica? ¿Existencial?) y al reverla hoy en día trato de recordar: ¿qué tenía en la cabeza en mi adolescencia? ¿Qué emociones me atravesaban para que me impacte de tal manera? Hoy no creo que provoque en mí las mismas impresiones, y más si pienso que no hay forma de que este film entre en canon alguno, es más, creo que nunca lo hizo. Salvo por Fernando Martin Peña, que lo programó este año como film estelar e inaugural junto con (otra vez) Fabio Manes en su anti-festival, el BAZOFI (creado como reacción antibiótica al BAFICI). Su director, Andrzej Zulawski, tampoco puede decirse que sea muy importante ni clave para su época, ni menos en la historia del cine. Solo podría ser mencionado como uno más surgido en el contexto de la célebre Escuela de Cine de Lodz en Polonia (fue asistente de dirección de Wajda) e incluso, según se puede leer por ahí, tiene el dudoso mérito de influir en Lars von Trier, aunque repuntamos por mucho la estimación sobre su persona por haber estado casado 15 años con Sophie Marceau.
La mujer poseída es demasiado aberrante para el cinéfilo exigente, demasiado descarriada para el cultor de buenos gustos y de finas puestas en escenas. Totalmente demodé, exagerada, guarra, excesiva (sí, el exceso de adjetivaciones va con el film… ¿y con la década?) e, incluso, sin demasiado sentido, más allá de trasnochadas interpretaciones psicoanalíticas. Suena a lugar común pero es una película para querer o despreciar en formas iguales. Es la obra de un poeta desbocado, absurdo, moribundo de amor y atacado por las penurias del corazón. Es el resultado del divorcio de Zulawski con una actriz polaca (bueno, cada uno hace catarsis como puede…) y cuenta entonces la disolución del amor y el fin de una pareja, o la transpolación de la misma en otro(s) ser(es). Eso sí, la situó espacialmente en una ciudad como Berlín, dotándola de toda la carga alegórica que eso puede tener, haciendo que el protagonista sea un ex espía (Sam Neill), cuya pareja (Isabelle Adjani) lo deja a cargo del pequeño hijo de ambos, desapareciendo con un tarado afeminado y adicto al karate. Pero donde entran dos, entran tres, o donde entran tres, entran cuatro… y no digo más de la trama para no spoilear demasiado. Sólo agrego que partiendo de este punto, la trama tomará ribetes lyncheanoscronenberescos.

Formalmente la película tiene planos en grandes (gigantes) angulares totalmente pomposos, con la cámara moviéndose todo el tiempo. Ya sean en panorámicas, planos secuencias, paneos circulares, etc., como si Zulawski quisiera llevar al limite las posibilidades formales de captar el drama desde todos los ángulos posibles. El deseo del panóptico total. Las actuaciones están al borde del delirium más tremens. No creo que se encuentren actores en la historia del cine más al límite que Sam Neill e Isabelle Adjani (¡¡¡ah, esa escena del subte con Adjani babeando!!!) escupiendo textos con esa afectación cuasi morbosa. Que alguien me diga si vio algo semejante en su vida. Bueno, sí, puede ser que algún viejo cineclubista que en los ‘70 se haya cruzado con algún film previo de Zulawski (Diabel o La importancia de amar) conozca algo de la experiencia que proponen sus películas. Las suyas son obras para experimentar más que para apreciar.
Eso sí, lo que nadie puede negar es que la temática de La mujer poseída es 100 % ochentera; dialoga con el Cronenberg (¡¡¡la nueva carne empieza acá!!!) de Cromosoma 5 o Rabia, anticipa a Carpenter y al De Palma de Obsesión, empata en bizarría con los primeros filmes de Peter Jackson, Sam Raimi o John Waters, y la posesión diabólica de la Adjani recuerda a la de Carrie. ¡La década del ‘80 es la del cine bizarro y fue la inaugurada por esta película! Creo que bien puede criticársele al film estar demasiado fechado, no lo voy a negar, es un digno representante de su tiempo. Pero si hay una palabra para definir la experiencia de ver esta película, es INTENSIDAD. Sí, con mayúscula. Sí, INTENSA, como la década del ´80…
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*Decido hacerle oooooso a algunas obviedades de mi lista de favoritas. Las mejores de mi top five de los ‘80 podrían ser Torrentes de amor, Bajo el peso de la ley, El sacrificio, Una historia del viento o La ciudad de la tristeza… Aunque, por qué no, otras cinco como Terciopelo azul, El estado de las cosas, El ladrón de caballos, Videodrome o Hard Boiled… Y, por qué no, otras cinco más como Sin sol, La cosa, Repo Man, Fanny y Alexander, Ran… U otras cinco como… No, mejor me quedo acá.
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