Saint John

por Guillermo Franco*

La devoción al norteamericano Cassavetes, santo patrono de los cineastas indies, nació cuando el propio marido de Gena Rowlands (casarse con ella hubiera bastado para beatificarlo) comenzó a enhebrar un rosario de películas de culto, a precios módicos: Shadows (1959), Faces (1968), Husbands (1970), Minnie & Moskowitz (1971), A Woman Under the Influence (1974), The Killing of a Chinese Bookie (1976), Opening Night (1977), Gloria (1980), Love Streams (1984).
Cassavetes, “el griego”, hubiera atravesado el ojo de la aguja de Hollywood como el nuevo “malo de las películas” (actuaba los protagónicos que James Dean rechazaba), pero hizo votos de pobreza y optó por dirigir proyectos personales hipotecando para ello hasta su propio pesebre. Entró al reino de los cines, cineasta-cinéfilo-cinemaníaco, pagando entrada.

Cassavetes es aquel author que en EE.UU. le puso el cuerpo a la teoría d’auteur con alma en Francia, según profecías de Jean-Luc Godard y François Truffaut, mandamases de la vaticana Cahiers du Cinéma. Es el entusiasta que financió su ópera prima pasando la gorra por audiciones de radio. El profesor que deberíamos nombrar en las universidades de cine de las ciudades que no hacen cine. El autor del libro gordo “Cómo Hacer Buenas Películas con los Bolsillos Perforados y el Corazón Palpitante”.
Antes de sucumbir por cirrosis galopante, meditó, escribió, amasó, dirigió, cocinó y actuó una película grande como una catedral: Love Streams (1984). En España se la estrenó como Corrientes de Amor, en Brasil como Amantes, en México como La Fuerza del Amor, y en Argentina (un 22 de noviembre, escorpio) como Torrentes de Amor. Se ha dicho: el amoroso desmadre sentimental al que llegan, por separado(s), los hermanos Robert Harmon (John Cassavetes) y Sarah Lawson (Gena Rowlands).  Ella, a un paso del divorcio, recita en tribunales de familia aquello de: “El amor es una corriente. Es algo continuo que nunca se detiene”. Él, mujeriego de alta graduación, más loco que cabra atormentada, escribe de soledades; las adjetiva excitantes y románticas (¿excitantes y románticas?).
Del Evangelio según San Juan:“¡Amo mis films! Son todo lo que hay en mis niños; son todo lo que es mi familia, son todo lo que soy yo, son todo lo que es mi mujer, todo lo que son mis amigos. Sí, amo mis películas. Y son películas honestas. Si son buenas o malas es otra cosa. Pero al menos son películas que dicen lo que yo sé. Y si yo no sé nada, ¡entonces sí estamos en problemas!” (Cassavetes por Cassavetes, Ray Carney, Editorial Anagrama, 2004)
Enciéndanse velas a cada santo del Séptimo Arte, pero resérvense plegarias para Saint John, aquel que mostraba sus películas de rodillas y recibía bendiciones de la Santa Sede con sedes en Venecia, Berlín o San Sebastián.

* Publicado originalmente en Alfil el 3/9/2012

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