6/9: TIERRA DE LOS PADRES de Nicolás Prividera

Hoy arrancamos con la primera función de Tierra de los Padres, la película de Nicolás Prividera que elegimos para los jueves de Septiembre. El encargado de introducirla es Fernando Pujato con el texto de acá abajo.

Tierra de los Padres de Nicolás Prividera (Argentina, 2011, 100′)

La forma del legado

por Fernando Pujato

Las oraciones del mundo entero flotan entre los hombres como mariposas inaprensibles.
Paul Ricoeur
Nuestra vida está repleta de legados. El Arte, las Ciencias, la Política, la Religión, en definitiva el orden cultural de cualquier civilización o, si se prefiere, de cualquiera de los pueblos que aún permanecen en este mundo, está conformado por su Historia, por grandes, pequeñas e ínfimas historias, por todo aquello que han recibido de las generaciones precedentes y que repercute, lo quieran o no los circunstantes del presente, en  el orden simbólico y las conductas de los habitantes de cualquier enclave humano, de los que lo transitan, de los que han partido  -de una manera u otra-  de “su” lugar, de los que permanecen. No es que el pasado, reciente o no, sea una especie de jaula de hierro de la cual es imposible evadirse, un dios mundano que moldea absolutamente todo lo que ocurre en una sociedad determinada, un omnívoro titiritero. Pero que permea todos los estamentos societarios (clases, castas y demás), provee una ideología y aletea, las más de las veces sombría y oscuramente, por sobre las decisiones que se deben tomar, que se toman, para no vivir eternamente anclado a él y pensar en un futuro, resplandeciente o no, es algo poco discutible, casi de sentido común. Hay matices, por supuesto. La Historia no es absolutamente concluyente y puede ser revisitada, explorada una y otra vez desde diferentes perspectivas y modos de apropiarse de ella, la ideología puede ser la dominante pero tampoco nunca está sola, aún en las más feroces dictaduras hay resquicios, márgenes, espacios en los cuales refugiarse, desde los cuales contestar; hay contraideologías. Y hay imágenes, por supuesto, aunque éstas en su forma documental posean su finitud, se las puede también imaginar, producir, inventar -no en el sentido mágico del término, claro está-, se puede disponer de ambas, mezclarlas, confundir su status, disiparlas, ordenarlas, y tal vez, si todo sale más o menos bien, intentar que vehiculen significados, que choquen entre sí; intentar que dialoguen.

Tal vez no sea absolutamente necesario que un cineasta se encuentre preocupado por la Historia para -de alguna u otra manera- filmarla; allí está John Ford, por ejemplo. Pero a veces es necesario que se preocupe por ella para poder filmarla; allí está Clint Eastwood, por ejemplo, se piense lo que se piense, al igual que con Ford, sobre su ideología o posición política. O alguien preocupado no sólo por lo que ocurre en el presente sino por ese pasado inmediato que lo ha modelado; allí está Jia Zhang-Ke, también, se diga lo que se diga acerca de su adscripción al régimen, algo que se desmiente con sólo ver sus últimos films. Pero, ¿qué ocurre aquí, qué hace hoy un cineasta preocupado por la Historia de nuestro país, por la reciente y la no tan reciente, por las historias que lo conformaron, por su propia historia? ¿Cómo pone en escena esa preocupación, de qué manera inscribir un legado? No es nada fácil por cierto, y exceptuando algunos films recientes como Belgrano, La Película (2010), San Martín, el Cruce de los Andes (2010), e Iluminados por el fuego (2005), que son más bien extensiones fílmicas de Billiken o Anteojito o algo por el estilo, o propagandas bélicas u homenajes bélicos o algo por el estilo, hay que retroceder hasta las ficciones post dictadura militar, demasiado cercanas al Horror como para poder extender la mirada un tanto más allá de él y procurar un entendimiento, si no de sus raíces más profundas al menos de sus causas no tan inmediatas. Alejarse de todo esto, de la reconstrucción histórica y del panfleto histórico, de la ficción histórica y el presente ficcional, situarse en aquellas dificultosas coordenadas de comprensión a través del presente y el pasado que señalaba Marc Bloch estableciendo un discurso abarcativo aunque acotado en el tiempo, e interrogar el espacio simbólico (esto es: real) en el  cual esos discursos están situados y ese otro espacio dentro del cual el único discurso posible fue la muerte, es parte de lo que destila el segundo film de Nicolás Prividera, el único cineasta argentino genuinamente preocupado por entender qué ha ocurrido en este bendito país para que las estrofas de un himno colisionen con imágenes documentales arrebatadas a tan sólo medio siglo de alzamientos militares, represión militar, violencia institucional, represión institucional; parte de nuestra historia. Otra parte, quizás fundamental y seguramente fundacional, se encuentra en un mítico cementerio donde, para decirlo pronta y un tanto cándidamente, un grupo de personas de pie, sentadas, recostadas, frente a las tumbas de algunos de nuestros próceres más distinguidos y de algunos otros que no lo son tanto, leen citas, cartas, proclamas, veredictos, escrituras, a veces esfumándose tras la lectura, otras no, a veces un tanto poéticamente, otras no, algunos un tanto conocidos, otros no. Y los que trabajan allí, limpiando, ordenando, manteniendo, los visitantes, los pequeños enfrentamientos cotidianos de los animales que lo habitan, los cantos frente a las tumbas, las visitas guiadas, la vida que circula en ese espacio. Y también los planos de las tumbas. Y también esa fabulosa panorámica que culmina en el Río de la Plata. Pero Tierra de los padres no es precisamente todo esto, este es su dispositivo fílmico, porque el film es, ante todo y a pesar de los reclamos de pureza, de orden cerebral, de cerrazón fílmico e ideológico, un discurso, trabajado desde el recuerdo y desde el duelo, como decía Freud. Que este discurso adopte la forma que adopta -personas, citas, y tumbas- no significa que no se pueda discutir acerca de esto, pero para entablar esa discusión es necesario pensar primero todo lo que transita, atraviesa, muestra y permite evocar, como se ha construido buena parte del presente de este pequeño rincón del mundo. Es preciso pensar en este legado.
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