Nuevo ciclo: HAZME REÍR

por Santiago González Cragnolino

El programador decide realizar un ciclo de comedias en el viejo cineclub. Revisa en su memoria, revé películas, descubre varias que no conocía ni había visto. Debe hacer una pequeña selección: es un ciclo corto, a razón de una película por cada martes del mes de septiembre. Cada vez que algo le trae a la memoria el ciclo, piensa en las futuras funciones. Se pregunta si irá mucha gente o si será un rotundo fracaso de convocatoria. Se pregunta si el público asistente encontrará las películas graciosas o si el único sonido que acompañará al que sale de los parlantes de la sala será el de su risa desubicada. Todo esto le recuerda a ciertos eventos sociales a los que asistió alguna vez. Esas fiestas en las que sólo conocía al que cumplía años, esas reuniones a las que lo invitó algún amigo nuevo. Tener que acercarse a un grupo de desconocidos y tratar de romper el hielo. En los momentos de mayor valentía, lanzar un chiste.
Vuelve a la realidad y dice para sí: “¿Qué pasa si no se ríen? Tengo que hacerlos reír”. La actividad cineclubística pasa a segundo plano, su preocupación primordial es no ser abatido por la incomodidad que le produce la indiferencia de un grupo de  perfectos desconocidos. Concibe un ciclo de cuatro películas, se da cuatro oportunidades.
En el primer intento se resguarda en dos figuras geniales. Dos cómicos ingleses, Steve Coogan y Rob Brydon, se interpretan a sí mismos en un falso documental llamado El viaje. La película puede suscitar la pregunta tan en boga, ¿dónde termina la ficción y donde comienza lo documental (y viceversa)? Pero el film inteligentemente pasa de esto y le da un descanso a la duda epistemológica. Aquí lo importante son los dos cómicos amigos que emprenden un pequeño viaje gastronómico. Lo importante es verlos poner en práctica informalmente su oficio. Mientras comen en distintos restoranes de la campiña inglesa, Coogan y Brydon se dedican a imitar a actores famosos: Anthony Hopkins, Sean Connery, Al Pacino, Woody Allen. A lo largo de toda la película hay una especie de competencia para ver quien hace el mejor Michael Caine. Mientras tanto, el hombre detrás de la cámara, Michael Winterbottom, va hilando finamente la historia de dos amigos muy distintos. Se las arregla para incluir un par de escenas en las que se desarrollan las relaciones de pareja de cada uno, un par de secuencias oníricas e incluso imágenes de los cocineros en pleno labor. El director, con materiales tan heterogéneos, nos pasea plácidamente de forma que no hay choque entre estas escenas. Para cuando comienzan los títulos finales, hemos compartido casi dos horas con estos dos tipos que no pueden evitar ser graciosos y la pequeña anécdota en la que aparentemente no sucede gran cosa, se revela cómo un relato clásico.
En la segunda semana, lo “clásico” adquiere una importancia vital. El programador apuesta al humor inteligente y elegante de uno de los grandes exponentes de la comedia del período clásico de Hollywood, La adorable revoltosa. Aquí nuevamente aparecen dos figuras descollantes. La primera, el genial personaje compuesto por Katherine Hepburn. Siempre un paso adelante de los que la rodean y sin medir nunca los desbarajustes que suscitan sus caprichos, es el accionar de Hepburn lo que mueve la historia y permite que los gags cómicos se vayan acumulando. La segunda figura, el objeto amoroso de la adorable revoltosa, es Cary Grant. Aquí el Gran Galán hace de un perfecto nerd. Pero es imposible encasillar a Grant, incluso dentro de una misma película: parece que no hay un registro actoral que no pueda dominar y aquí lo demuestra por enésima vez. Para coronar la propuesta, el que dirige es Howard Hawks. Ya en la primera secuencia, el maestro da una lección de cine: cómo definir la personalidad de un personaje en cinco breves planos, un movimiento de cámara y dos líneas de diálogo. El programador dice que se trata de una película única. No pretende caer en el lugar común: no se le ocurre otra película en la que uno de los gags sea que el hueso con el que juega un perro es la clavícula de un brontosaurio.

Para la tercer semana, ya más entrado en confianza, el intento va más por lo guarro: la francesa Los chicos lindos.En su ópera prima Riad Sattouf hace una película sobre adolescentes, pero en contrapartida a tantos otros, no idealiza la etapa de la vida por la que están transitando sus personajes. Sattouf pone la atención en los sentimientos de inadecuación, la avidez sexual frustrada, los granos, las ortodoncias prominentes y la crueldad de estos sujetos que todavía no dominan ciertas reglas básicas de convivencia social. El director se pone en el lugar del adolescente: avanza junto a sus dos protagonistas masculinos, amigos recién salidos de la pubertad, y los acompaña en sus primeros intentos por conquistar chicas. El ritmo del film, con algunos saltos narrativos bruscos, parece replicar los cambios hormonales, convulsivos de esta edad; las relaciones que empiezan y terminan en lo que parece un abrir y cerrar de ojos. Lo realmente gracioso de esta película es como nos permite reírnos de esta etapa transitada, donde el “no” de nuestra enamorada/o es un drama terrible y la muerte de un profesor se traduce en el alivio de que en ese día no toman examen.
Ya en la última semana la confianza del programador es total. En la última función se proyecta Wet hot american summer del estadounidense David Wain. Esta comedia podría verse como una parodia del subgénero de películas de campamento de verano, una experiencia típicamente yanqui. Pero aquí lo cómico no pasa por la burla a las reglas del género o la mirada irónica sobre sus lugares comunes. De hecho no abunda este recurso humorístico en la película. Lo llamativo del film es su capacidad para camuflar escenas convencionales, que parecen sacadas de cualquier película de cine industrial (en su vertiente menos imaginativa y menos proclive a poner en pantalla algo que se asemeje al riesgo) y destruirlas luego con el absurdo: las reacciones desmedidas de sus personajes, los diálogos delirantes y las actuaciones fuera de cualquier registro que intente ensayar cierto realismo. Luego, de vuelta a la “normalidad”, a lo convencional. Una película bipolar, que da rienda suelta a la improvisación a un reparto de comediantes especializados en el asunto. Vale la pena conocerlos: el gran Paul Rudd, Ken Marino, Janeane Garofalo, Michael Showalter, Joe Lo Truglio, Amy Poehler, Michael Ian Black, Molly Shannon, entre otros.
Para finales del mes el ciclo ya es un éxito de público. Las recaudaciones en la boletería del cineclub nunca fueron tan altas. A pedido popular se hace la secuela del ciclo. El siguiente mes concurre menos de la mitad del público. Todos coinciden en que es mejor la primera parte.
Programación:
4/9: El viaje / 11/9: La adorable revoltosa / 18/9: Los chicos lindos / 25/9: Wet Hot American Summer
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