Frank Tashlin por Jean-Luc Godard (2)

Hollywood o morir

Sobre Loco por Anita (Hollywood or bust)

por Jean-Luc Godard

Según Georges Sadoul, Frank Tashlin es un director de segunda porque nunca hizo una remake de Vive como quieras o de La pícara puritana. Según lo que yo opino, mi colega se equivoca al confundir una puerta cerrada con una abierta. De aquí a quince años, la gente se dará cuenta de que Una rubia en la cumbre sirvió entonces (es decir, hoy) como una fuente de juventud de la cual el cine actual (es decir, del futuro) extrajo una fresca inspiración.
De hecho, el carácter decididamente moderno del cine elimina cualquier tipo de cuestionamiento que transcurra por caminos cerrados. El cine es, de este modo, el perpetuo estreno de la estética. Su historia difiere profundamente de la del teatro o la novela. Es precisamente su reverso. Mientras que los expertos literarios de hoy alaban una obra o un libro cuando cierra por completo sus salidas (cf. el Ulises de James Joyce o Final de partida de Samuel Beckett), nosotros, por el contrario, aplaudimos Para atrapar al ladrón, Elena y los hombres, Y Dios creó a la mujer y Te querré siempre porque esos films abren definitivamente nuevos horizontes. Moraleja: para entender a Frank Tashlin hay que mirar a Frank Tashlin.
Educado en una buena escuela, la de la escritura de guiones de Hollywood, Tashlin no le teme a la puesta en escena más de lo que Debbie Reynolds temía a Dick Powell en Susan durmió aquí. Hay una razón sencilla para esto: antes de convertirse en gagman de caricaturas, Frank Tashlin fue el autor de numerosas tiras cómicas para diversos periódicos. Un vistazo a “Juliette de mon cœur” [1] en France-Soir es suficiente para decir que la técnica narrativa de esa tira se adelanta en años, por ejemplo, a la mayoría de los films franceses actuales. Dentro de una escena, se cambia de plano con una audacia e inventiva tales que los alumnos de Laviron en el I.D.H.E.C. [2] harían bien en emular. Esta intrépida invención, incisiva y despreocupada a la vez, distingue a Tashlin de sus colegas, del Lubitsch de los últimos tiempos e incluso de Cukor, ya que Tashlin no sabría qué hacer con un Garson Kanin.

Todo esto es más evidente en Loco por Anita porque es un trabajo comercial en el que, precisamente, alguien digno de hacerse llamar cineasta tiene el derecho de liberar impúdicamente sus secretos. En esta pieza de slapstick, Tashlin le toma la palabra a Hollywood. Por palabra, léase locura, o más precisamente la locura por Anita Ekberg. Hollywood o morir significa vivir para Anita, vivir para Shirley, vivir para Dorothy, vivir para Pat o Jane, algo que Una mujer de cuidado nos demostrará nuevamente cuando se estrene. 
Loco por Anita es a Una rubia en la cumbre lo que La escuela de mujeres es a El misántropo [3]. Tomando el tema del viaje, que Howard Hawks tanto amaba, Tashlin se entrega a un derroche de fantasías poéticas donde el encanto y la invención cómica se alternan con una felicidad de la expresión constante. La trama es delgada, ciertamente, pero el mérito es mucho mayor. Haber convertido a Dean Martin en un comediante es suficiente para colocar a este director en lo más alto. 
Louis Jouvet cita en alguna parte esta definición del teatro de Alfred de Vigny: un pensamiento que se convierte en un mecanismo. Así que Tashlin, un hombre del cine (y del cine en color) hace lo opuesto a la máxima de Vigny. La prueba está en el rostro de Jerry Lewis, donde, por momentos, lo artificioso en extremo se marida con la nobleza de un auténtico documental. 
Resumiendo: Frank Tashlin no ha renovado la comedia de Hollywood. La ha hecho mejor. No hay una diferencia de grado entre Loco por Anita y Sucedió una noche o entre Una rubia en la cumbre y Una mujer para dos, sino una diferencia de tipo. Tashlin, en otras palabras, no ha renovado sino creado. Y de ahora en más, cuando hables de una comedia, no digas “Es chaplinesca”; di, fuerte y claro, “Es tashlinesca”.

[1] N. del T.: Historieta francesa creada en 1953 por el dibujante Stan Drake y el guionista Elliot Caplin.
[2] N. del T.: Jean Laviron, director francés. Desde 1944, profesor en el I.D.H.E.C. (Instituto de Altos Estudios de Cinematografía), la escuela de cine en París.
[3] Obras de Molière: La escuela de mujeres (comedia, 1662) y El misántropo (drama, 1666).

Texto publicado originalmente en Cahiers du cinéma, 73, julio de 1957.
Traducción: Martín Álvarez. Corrección: Anna Karina.
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Una respuesta a Frank Tashlin por Jean-Luc Godard (2)

  1. Ignacio Luque dijo:

    Mi amor, Anna Karina.

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