El pasado llegó, hace rato

Sobre La Era del RockLos Indestructibles 2, Retromania*

por Alejandro Cozza

Frente a estrenos recientes como La Era del Rock y Los Indestructibles 2 es inevitable caer en el análisis de la década del ‘80 como fuente de inspiración para estos filmes. Cada vez más, las palabras retro, nostalgia y pasado se repiten en toda crítica a películas recientes. El lugar común nos llevaría a concluir que se trata de falta de ideas presentes, de la incapacidad de lo nuevo para generar tendencias de mercado y del aprovechamiento fagocitador por parte de la industria de las glorias pasadas. Un libro clave de los últimos tiempos en materia de estudio musical (pero cuyas ideas bien pueden extrapolarse al cine), escrito por el célebre critico de rock inglés Simon Reynolds, atinadamente titulado Retromania: la adicción del pop a su propio pasado (Caja Negra, 2011) analiza minuciosamente este reflujo retrospectivo y dice: “…nunca existió en la historia humana una sociedad tan obsesionada por los artefactos culturales de su pasado inmediato. Esto es lo que distingue a lo retro del “anticuarismo” y de la historia: la fascinación por las modas, las tendencias, los sonidos y las estrellas del pasado reciente”.

Tal vez La Era del Rock sea un estado más (y no precisamente el más inspirado) de esa angustia por atrapar momentos de un pasado que ya fue. Concretamente, un estado referente a la glorificación  del rock ochentoso (cercana a Glee y VH1, pero también a Disneylandia) en su variante más glam y hair-metal (de Def Leppard, Van Halen, Guns ‘N Roses, Poison, etc.), a través de un club ficticio “The bourbon”, ubicado en pleno Sunset Strip de Hollywood, que está a punto de cerrar acosado por deudas del fisco (es tan poco rockero pagar impuestos, dirá su dueño, interpretado por Alec Baldwin) y por pacatas señoras religiosas que quieren cuidar los oídos de sus hijos de esos retoños de Satán. Es un musical que avanza a los tumbos dirigido por un tal Adam Shankman, que uno intuye disfrutaría más montando obras de Broadway que dirigiendo películas. Al margen de esto, el placer culposo en la película está asegurado y en muchos momentos funciona muy bien, hay que reconocerlo. ¿Quién se resiste a tararear “More than words” mientras lo cantan en la pantalla? Lo mejor que se puede decir de la película es que no es tan mala como a priori podría intuirse y que contar con un todoterreno infalible como Tom Cruise (su rocker superstar Staceey Jaxx tan autoconsciente de su costado “Pomelo” es inmejorable), más algunos secundarios de peso, le asegura momentos realmente logrados. Los escarceos sexuales con la bella Malin Akerman, haciendo de crítica de la revista Rolling Stone, por más tímidos que sean, “calientan” más que la carne desnuda sobre el asador en muchas comedias adolescentes en línea American Pie. Eso sí, si quieren volver a los ´80 y su música, es mil veces preferible ver Adventureland de Greg Mottola.
Del otro lado de las cuerdas, pero en el mismo ring temporal, aparecen Stallone, Van Damme, Schwarzenegger y compañía, dispuestos a devolver la dignidad perdida por el cine de acción tras tanto FX y CGI. Podrán ser productos más proclives al museo como el propio Arnold reconoce en la película, pero es innegable que divierten de lo lindo. No hay sutileza alguna en la película Los Indestructibles 2 y seguro que esa fue palabra prohibida en el rodaje del film. Todo es bruto, terriblemente bruto: los diálogos, el montaje, los planos, el guión, la ideología y lo político, hasta los chistes. Pero también, como ocurre con Cruise/Jaxx, en la autoconciencia del acto radica su preci(o)so encanto. Incluso hasta se atreven a hacer la crítica de cine dentro de la misma película y sobre ellos mismos y de forma alegórica, en una escena en donde estos gladiadores discuten sobre qué comida optarían como última cena en caso de que tuvieran la posibilidad de elegir; en la respuesta de cada uno está la mejor declaración de principios que podría haber. ¿Para qué idear complejos planes de acción (cada vez que le preguntan como pueden resolver algo, Stallone se queda sin respuesta) si se puede ir de frente al enemigo con toda la artillería pesada y matar cientos de malos como si de un videojuego se tratase y sin perder una pizca de efectividad? Otra vez: ¿placer culposo? ¡Sin duda! Juro que en el cine la gente aplaudió cuando apareció Chuck Norris.
Sea imitación (La Era del Rock) o parodia consiente de si (Los Indestructibles 2), en el cine volver el tiempo atrás rinde. También podríamos preguntarnos tratando de evitar, aunque parezca infructuoso, sacar conclusiones pesimistas o apocalípticas sobre este pretérito que copa todo el estado del cine y de la cultura contemporánea. ¿Por qué a veces pedir novedad como si el objetivo último del arte fuera el de producir todo el tiempo algo nuevo? Pero asimismo, es imposible no preguntarse, como también se pregunta Simon Reynolds, ¿qué ocurrirá cuando nos quedemos sin pasado para explotar?

* Publicado en Diario Alfil el 22/8/2012.

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