+ Hitchcock por favor

por José Fuentes Navarro

Es difícil decir algo sobre Alfred Hitchcock sin caer en el lugar común, ríos de papel se han escrito sobre su obra desde casi todos los ángulos posibles. Desde la esencial entrevista de Francois Truffaut hasta artículos improbables estilo El maestro del suspenso visto a través de fenomenologia. No es difícil adivinar el por qué: las películas de Hitchcock son como trucos de magia: el objeto esta ahí, se nos revela, sólo para terminar asombrándonos.
Pero… ¿quién mató a Harry? (1955): El problema con Harry es que está muerto. Cada uno de los protagonistas de un pacífico pueblo de Nueva Inglaterra (extraordinariamente fotografiado por Robert Burks) creerá que lo ha asesinado. El pintor, la joven viuda, el capitán y la señora puritana tendrán ideas diversas sobre qué hacer con el cadáver del desconocido Harry que aparece en medio de un bosque. Es un film donde un pueblo se trasforma en una comunidad y es la primera colaboración entre Hitch y Bernard Herrmann. Pero, sobre todo, Harry es la comedia deadpan, donde uno duda todo el tiempo cuándo y de qué reírse. Es como ver una foto de Bill Murray durante hora y media.

Inocencia y juventud

Inocencia y juventud (1937): Presenta al personaje hitchcockeano esencial, un hombre perseguido por un crimen que no cometió. A Robert Tisdall, acusado de matar a una estrella de cine, sólo le queda escapar para buscar al verdadero asesino acompañado de la hija del jefe de policía, Christine. Una road movie, ¿la primera road movie como tal de la historia del cine? Posiblemente. Siempre hay alguien huyendo en las películas de carretera. Tisdall se escapa a la vista de todos en el juicio, simétricamente, se escapa de la única persona que no puede ver, jugando al gallito ciego, en casa de la tía de Christine. Se escapa de Christine para no incriminarla. Un vagabundo, un comic relief, se le une en su huida. Cuando se cansa de huir, don Alfred tira un plano secuencia que va de lo general a lo particular prefigurando el de la llave en Notorious. Sabemos algo -especialidad de la casa- que los protagonistas no saben y nos encontramos casi como al pasar con el film modélico de Hitchcock.
Frenesí (1972): Redescubriendo sus películas, esta es su penúltima y el retorno a Inglaterra. Podemos notar que el perfecto dispositivo narrativo tenia un objetivo que no era, solamente, saber contar con imágenes. Hitchcock no sólo dirigía películas: nos dirigía a los espectadores y trabajaba y hacia trabajar nuestra mirada. Su puesta en escena era el suspense, en su narración clásica nos decía he aquí esta historia, pero en ciertos momentos suspendía el relato integrando momentos que escapan a lo puramente narrativo. El plano secuencia desde el departamento hacia la calle en el segundo asesinato es un buen ejemplo. Además, ¿dónde más verán un detective que resuelve los crímenes cenando los horribles platos de nouvelle cousine francaise que le prepara su esposa, una perfecta Watson?
El ring (1927): Es la única película donde el guion pertenece totalmente a Hitchcock. No hay suspenso ni asesinatos. Es más bien un melodrama sobre un triángulo amoroso entre dos boxeadores y una muchacha. Extraño y poco considerado, es un film lleno de detalles visuales y simbólicos (The ring hace referencia no sólo al cuadrilátero de box sino a un brazalete y a la circularidad del relato) y si me permiten es una de las pocas películas donde se nota la admiración de Hitchcock por F.W. Murnau, uno de los pocos referentes del inglés.
Trama macabra (1976): Cuya trama no tiene nada de macabra, que juega con el nada es lo que parece (y si lo es) haciendo equilibrio entre el thriller y la comedia. Todo esto, contado con una ligereza notable que la hace parecer filmada por un veinteañero (aunque ahora los veinteañeros tienden a filmar como viejos moribundos y viceversa, en fin). De todas maneras, hay directores de cine que en su última película hacen una especie de testamento fílmico como Akira Kurosawa en Madadayo, hay otros que hacen de sus últimas películas una reflexión, como John Ford. Y hay uno donde el testamento, la reflexión y la despedida duran literalmente un segundo. Es el último plano de su última película y está dirigida a ese ser despreciable que paga la entrada (bono contribución $ 7).
A esta altura el lector sabe algo que los demás no saben: este es un ciclo con películas, digamos, periféricas del gordo, no grandes hits; también sabe que no he dicho nada original sobre ellas. Un amigo músico contaba que la salida de Kind of Blue de Miles Davies supuso una revolución en el jazz y su influencia  fue tan vasta que al día de hoy, se escucha hasta en la música de los ascensores. Sin embargo, por mas asimilado que estuviera, cada vez que volvía a ese disco descubría alguna idea, un ángulo nuevo. Algo de eso sucede al volver a ver las películas de Alfred Hitchcock, inventor de formas.
Todos los Miércoles de Agosto a las 20.30 hs.
1/8 – Pero… ¿quién mató a Harry? / 8/8 – Inocencia y juventud / 15/8 – Frenesí / 22/8 – El ring / 29/8 – Trama macabra
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