11/7: LAS HIERBAS SALVAJES de Alain Resnais

Un reciente Resnais en la segunda función del ciclo “Encontrar(se) en el cine”. Y una nueva reseña de Fernando Pujato.

Las hierbas salvajes de Alain Resnais (Francia/Italia, 2009, 104′)

En el inicio, después de esas hierbas que crecen entre las piedras, porfiadamente, las piernas de una multitud, una voz en off relatando la compra de unos zapatos, el robo de una cartera, un plano en ralenti, un giro, una silueta que, al fin, se insinúa de espaldas, y luego un rostro, sólo un rostro, recortado en la superficie del agua de la bañera, ¿qué hacer?: mañana voy a la policía y hago la denuncia, mañana. Luego un hombre cambiando la pila de su reloj -debería detenerse ya, ¿por qué no nos detenemos?-, cruzando un centro comercial, entrando al estacionamiento, y una billetera está allí, un nombre extraño, una cara seria, casi apesadumbrada, se dice, pero el carnet de aviador es otra cosa, una cara feliz, juguetona, ¿qué hacer?: después la llamo, tendrá un teléfono, todo el mundo tiene teléfono. Y después de esto, las dudas, las idas y venidas a la estación de policía, las visitas no deseadas ni queridas, la violencia simbólica, la vista de dos soledades a pesar de una esposa, un trabajo, alguna amistad, un buscado desencuentro. Pero también un encuentro merced al cine, literalmente. Ese es el lugar elegido por Resnais para que sus personajes finalmente se conozcan o, más exactamente, al terminar un film, en una calle desierta, con luces de neón y el cartel de una película de guerra como fondo. Es ese encuentro encantado entre Marguerite, que casi siempre viste como El Principito y es aviadora como Saint Exupéry, y Georges, del que se adivina un pasado tormentoso y un presente atormentado, el que sobrevuela la puesta de Las hierbas salvajes que parece planear como un vuelo, con suaves travellings descendiendo y ascendiendo por los planos, entre ellos, conectándolos entre flashbacks, cartas, llamadas telefónicas y temores a futuro. Y no es el caso de que es una película de alguien “libre” -una frase usada generalmente para decir que un director hace lo que quiere y está disculpado por su edad- sino un film absolutamente amable con lo que pretende retratar: dos subjetividades de vidas previsibles envueltas en el torbellino de un deseo que se creía olvidado. Sí, son burgueses cincuentones más o menos acomodados en el mundo de una burguesía más o menos acomodada, como para terminar con ese hipócrita discurso, tan pero tan burgués, de que los encuentros genuinos son una cuestión de clase. Lo son, pero de ninguna en particular. Fernando Pujato
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