Tres hombres de negocios (entrevista con Alex Cox y Tod Davies – extracto)

(…)
Maximilian Le Cain: ¿Podríamos hablar de mi película favorita de ustedes, Tres hombres de negocios?
Alex Cox: ¡Aaaah! ¡Una buena persona! ¡Sos una buena persona! ¿Creés que Tres hombres de negocios hubiera sido mejor si hubiéramos hecho más obvias las transiciones?
MLC: No, definitivamente no.
AC: Coincido con vos, pienso lo mismo. Pero hay otro caso que es aquel en que porque las transiciones ocurren casi sin dar noticia, eso confunde a algunas personas. ¡No se dan cuenta de que Liverpool no es Rotterdam y realmente creen que aun cuando estamos en Hong Kong, seguimos en Liverpool!
MLC: Seguramente esa confusión es parte del tema del film.
AC: Eso pensé.
Tod Davies [esposa de Cox, escritora y productora de Tres hombres de negocios, co-productora de Tragedia de vengadores]: Así es para nosotros. ¡Pero es muy desalentador cuando tienes gente al final de la proyección que verdaderamente piensan que hay un jardín japonés que luce como Tokyo en Liverpool! Es deprimente cuando la gente viene y te dice ‘¿A dónde queda ese jardín japonés en Liverpool?’, y vos estás como ‘Había miles de japoneses en pantalla, había pantallas de televisión gigantes, ¿realmente pensás que eso es lo que era?’. Pero ese era el punto: cualquier cosa que te dicen simplemente la tomás como una verdad, jamás la evaluás y deberías empezar a hacerlo.
MLC: Recientemente tuve una discusión con alguien que reclamaba que en un film, todo debía representar una realidad literal, objetiva y que la audiencia no podía aceptar nada más ambiguo…
AC: Eso es un problema. Obviamente no es cierto pero definitivamente es un problema causado por la corporativización del relato. El modo en que un puñado de corporaciones en Los Angeles dictan cómo contar nuestras historias crea una verdadera pobreza de imaginación y eso es un gran problema.
TD: Es un gran problema para los individuos leer las noticias porque las leen y ni siquiera piensan. No piensan que lo que están leyendo no tiene sentido porque les están diciendo que no tiene sentido. Es muy fastidioso.
AC: ¡Es como acá! Tenés un referéndum, bien, y se hizo la votación y se decidió que no vamos a expandir la Unión Europea. El referéndum se ha producido. Listo, decidido. ¡Eso no era lo que las corporaciones querían! ‘¡Un minuto! ¡No! ¡No! ¡No! Necesitamos transferir nuestra industria pesada a Europa Occidental y hacer nuestros films en Praga en lugar de Londres o Dublin, así que haremos el referéndum de nuevo! ¡Y si esta vez tampoco votan bien tendremos que hacerlo de nuevo!’. Nosotros, en Inglaterra, pensamos que votábamos por el Partido Laborista. ¡No! Tenemos nuevamente a los Tories [Partido Conservador]. Como ves, ¡la vida toma giros y virajes increíbles!
MLC: Es como esa gran línea en Tres hombres de negocios en que hablan de cantar “Red Flag” [canción de protesta izquierdista, himno semi-oficial del Partido Laborista británico].
AC: Y la última semana en la conferencia del Partido Laborista había una vieja distribuyendo copias de “Red Flag” en el fondo de la sala pero para parar a los delegados cantándola pusieron ese tema disco… ¿‘Don’t stop dreaming about tomorrow’? ¿’Don’t stop thinking about tomorrow’? Aparentemente, había sonado en una convención Demócrata. Así que para pararlos mientras cantaban “Red Flag” al cierre de la conferencia del Partido Laborista, pusieron eso en los parlantes y empezaron a despejar el hall. ¡Es fascinante!
MLC: ¡Es de terror, en realidad!
AC: ¡Es el terror! Es el terror porque son nuestros derechos. Somos gente real, somos individuos todavía sensibles y tenemos opiniones y sentimientos y el punto central es que se supone que nuestros sentimientos se supriman. ¡Como Benny y Frank en Tres hombres de negocios! ¡Están tan reprimidos que ya ni siquiera saben a dónde están sus sentimientos! ¡Están más cerca de sus teléfonos móviles que de sus emociones! Y no son personajes manufacturados, no son gente de fantasía en absoluto. Benny y Frank son como los tipos de los que te sentás al lado en el tren. ¡Ellos gritando a sus celulares y vos escuchando todos sus detalles de negocios cuando preferirías no hacerlo!
MLC: Entonces, ¿de dónde salió la idea de Tres hombres de negocios? 
TD: Fue originalmente una idea de Alex. Los dos amamos a Buñuel, ese es el director que ambos amamos. 
AC: Eran dos parejas en un auto buscando su cena, como en El discreto encanto de la burguesía
TD: ¡No, que estuvieran intentando cenar fue una inspiración mía! Y el viaje alrededor del mundo y lo de las dos parejas fue tuya. La búsqueda de la cena fue mía porque ¡estoy obsesionada con la comida y con El discreto encanto de la burguesía también! Luego apareció esa historia rarísima –no quisieras oír esta historia centrada exclusivamente en el dinero-, una carta rarísima que Alex recibió de un holandés… ¿un presentador?
AC: Un presentador y productor de televisión holandés.
TD: Sí, y filósofo. Él dijo que quería que Alex participara en una serie de TV holandesa que había titulado “Sobre la belleza y el consuelo”. Cualquier cosa que Alex quisiera hacer sobre el tema de la belleza y el consuelo podía hacerlo para esta serie. Así que estudiamos su propuesta y dijimos ‘¡eso es presupuesto suficiente para un largo!’. Nos dimos cuenta que con ese presupuesto sólo podíamos permitirnos dos personas, no dos parejas, y que sólo podíamos permitirnos el transporte público.
AC: No un auto. ¡No podíamos permitirnos transportar un auto alrededor del mundo!
TD: Así que pensamos que podíamos hacerla en cuatro ciudades diferentes en tanto tuviéramos una base de respaldo en cada una. ¡Y lo hicimos! ¡Y fue el primer film que produjimos porque no podíamos permitirnos un productor!
AC: ¡O un actor verdadero!
TD: ¡Era más barato si Alex actuaba y de verdad pienso que es un gran actor!
AC: ¡Tan sólo le pagamos de más al otro tipo, eso fue todo! Ese (Miguel) Sandoval, ¡le pagamos demasiado dinero! (risas) (…)
MLC: La fluidez de las transiciones en Tres hombres de negocios me recordó a otro film de Buñuel, La vía láctea. Entiendo que están interesados en hacer una película sobre Buñuel.
AC: Tenemos una historia sobre la vida de Buñuel escrita como un show de marionetas, tipo el show de Punch and Judy. Y él es Mr. Punch y el bastón que carga con él es el surrealismo. Y los personajes buenos son todos títeres de mano y los malos son marionetas, porque están siendo manipulados por otros. Así que Dalí es una marioneta, Buñuel un honesto títere de mano. ¿Quién sabe qué pasará con eso?
MLC: ¡Tienen que hacerla!
AC: ¡Lo sé! O simplemente lo haremos en un teatro de títeres.
TD: Originalmente se suponía que fuera con actores, ¡y teníamos el casting más increíble que hayas oído jamás! Jeanne Moreau haría Madame Buñuel y Salma Hayek sería la Virgen. María y Javier Bardem harían del joven Buñuel. Todos esos actores, ¡todos estaban de acuerdo! Martin Landau iba a hacer del viejo Buñuel. ¿A quién más teníamos? Teníamos toda una pandilla más…
AC: Al Pacino dijo que haría del viejo Buñuel por un rato. Pero no podés tentar financieros con una película sobre un director de cine de 70 años.
TD: Decían que era sobre un viejo hispano. ¿A quién le importaba?
AC: ¡Eso es lo que dijeron de él en España!
MLC: Es todavía peor. Como Buñuel, ustedes trabajaron en México…
AC: Es un lugar maravilloso, Mexico. Liverpool y Mexico son lugares grandiosos para hacer películas. Son bastante parecidos, también, en cuanto a la velocidad del equipo, su entusiasmo y la disponibilidad de edificios grandiosos, semiabandonados.
MLC: ¿Tienen la intención de volver a trabajar en México?
AC: Me gustaría. Amaría hacer otra película en México. También amaría hacer otra película en Japón. Hice una serie de televisión en Japón este año, lo cual fue realmente divertido, aun trabajando con un equipo japonés siendo que no hablo japonés. Pero la manera en que lo hacés es en gran medida la misma, una película es lo mismo en cualquier parte. Sí, sería feliz de volver a México o a Japón para hacer otra película.
(…)
Entrevista realizada por Maximilian Le Cain en Octubre de 2002 durante el Cork Film Festival. Extraída de Senses of Cinema (número 24, Enero de 2003). Traducción: Martín Alvarez.
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