6/6: EL LARGO DÍA ACABA de Terence Davies

Larga el ciclo de Terence Davies con una de 1992. Una de la vertiente autobiográfica. Sobre ella escribe Fernando Pujato.

El largo día acaba de Terence Davies (The long day closes, Inglaterra, 1992, 85′)

Lo que resta de una vida

por Fernando Pujato

No descansaremos en la exploración
Y el fin de todo nuestro explorar

Será llegar a donde empezamos
Y conocer el lugar por vez primera
A través de la desconocida, recordadapuerta
Cuando lo último que quede en la tierrapor descubrir
Sea lo que era el principio.
T. SEliot, Litlle Gidding
Recuerda. ¿Recuerdas cuándo tus hermanos y sus novias salieron en bicicleta? Tú no tenías bicicleta; “¡no olviden traerme las peras!”. ¿Recuerdas los rezos en la iglesia al lado de tu madre? ¿Y junto a los compañeros de colegio? Rezos privados y rezos públicos, la imagen de la crucifixión siempre estará allí, en tus pesadillas, aún cuando rezas.
¿Recuerdas comprar el lápiz de labio para tus hermanas y también los cigarrillos? ¿Recuerdas verlos salir, bajando la calle, mientras los mirabas desde la puerta de la casa? Estaban contentos, tú también; “dice mamá que no vuelvan tarde a casa”.
Recuerda y filma. Estás en el cine. “Mamá, ¿dónde está Bud?”, “en el cine, ¿en qué otro lugar podría estar?” Apoyado en la baranda del palco, viendo la película que nosotros no vemos, la cámara baja hasta un parque de diversiones; estás comiendo un copo de nieve, tus hermanos juegan al tiro al blanco. El mismo plano, otro espacio, otro lugar, otro momento del día.
Recuerda(te) bajo la lluvia, no te mueves, el plano está fijo, esperas, la gente pasa a tu lado:” ¿puedo entrar con usted, señor?” “¿puedo entrar con usted, señor?” “¿puedo entrar con usted, señor?” “sí, entra conmigo chico”.
Fílma(te) en el colegio, tienes que redactar, piensa, recuerda lo que has visto en alguna película; estás solo, sólo la luz está allí, todo lo demás está oscuro, el barco aparece, es el recuerdo, es la ensoñación del recuerdo, ya puedes redactar.
Recuerda y filma y escucha. Recuérda(te) sentado en el regazo de tu madre, ella canta una triste canción y llora, llora un llanto contenido, no una súplica desgarradora, en la tenue luz que envuelve las penumbras que los rodean, “la cantaba mi padre”. ¿Y tu padre? ¿Está en esa canción de amor que cantaba tu madre, mientras esperabas sentado en “tu” escalera los once peniques que te faltaban para ir al cine? ¿Está en el festejo de fin de año, en la calle nevada, mientras las familias cantan tomadas de la mano? ¿Está en esa foto de álbum familiar que imaginas a través del cine? “Feliz año, Bud”. Sólo por medio del cine, solo en el cine, “el cine, el lugar del padre muerto, también era el contrapeso del discurso de la madre viva”, decía Serge (Daney). Quizá, acaso, en aquellas Voces distantes.
¿Se pueden filmar los recuerdos? ¿Cómo filmar lo que se recuerda de esos recuerdos? Tal vez en cursivas (porque tu cine es con letras cursivas, Terence) en el mismo ángulo de luz de un jarrón con flores cuyos pétalos caen, imperceptiblemente, mientras la cámara se acerca a esa pared que está detrás, baja pasando por un viejo anuncio de un film hasta llegar a una calle a oscuras, llueve, la cámara dobla a la derecha y se dirige a un pasillo con escaleras, todo está en ruinas, “¿hay cuartos en alquiler?”. Es la voz de un hombre.
¿Quién comienza así un film, mostrando lo que, desaparecido, ya no puede desaparecer más, desgarrándose? Pero tú recuerdas y filmas y escuchas.
Recuerda (siempre): “cierra la puerta, Kevin”, “sí mamá”. Frotando la espalda de tu hermano, cruzando la calle, esa calle empedrada, siempre tomada del mismo ángulo, siempre a la derecha, en el medio de la lluvia para soportar el castigo por haber llegado demasiado tarde o demasiado temprano a la clase. Y el castigo de tus compañeros. El castigo institucional y el castigo privado y el castigo simbólico, el de otra institución. Todos los castigos son crueles, el cine también es cruel.
Pero hay refugio en esas reuniones con los vecinos, todos cantan, tú y Titch cantan también “enmarcados” por el cuadro de la puerta como en el cuadro de una pantalla. Como cuando miras ese beso tras el cristal de la puerta que se cierra, sombras besándose, las sombras del cine.
No parece haber nostalgia allí, remembranza de un pasado al que se desea o se quiere volver. Desde tu presente filmas aquel presente.
Y recuerdas: “clean/louses/clean/clean/loues/louses/louses”, la seca enfermera, momia casi petrificada, de aquél Ejército de Salvación (estamos en los ‘50) de aquella segunda guerra que sigue presente en las filas que hay que formar después del recreo, antes de clase, después de clase.
Ni retratar vidas, ni interpretarlas, ni disponer de ellas asimétrica y parcelariamente. Sólo evocarlas. Y evocarte en ellas, a través de ellas, alrededor de ellas. Tal vez, sólo tal vez, una pizca de melancolía porque aquellas bellas y dulces canciones ya nunca volverán. Lo sabes, por eso filmas. Filma la clase de erosión, ¿recuerdas?: “la erosión se divide en cuatro: erosión pluvial debido al efecto de las lluvias. Erosión aluvional debido al efecto…”. El tiempo erosiona todo. Ya habrá tiempo para esa erosión y para esa (tu) calle más allá de la calle, ya llegará ese tiempo en Del tiempo y la ciudad.
Estas imágenes son sólo tuyas, como tu soledad, mirando por entre las rejas de hierro del frente de tu casa, balanceándote desde un ángulo picado, y el travelling va al cine, a la iglesia, al colegio, otra vez en el mismo plano, en la misma disposición espacial, en distintos escenarios. Los escenarios de tu vida.
Por eso filmas. Cuando tus amigos pasan frente a tu casa; se dirigían al cine (creías) y no te invitaron. Pero sí, estás sentado al lado de tu amigo, mirando el ocaso de un día en la pantalla. El día que acaba, lentamente, de derecha a izquierda el sol se oculta entre las nubes grises, casi metálicas, y sólo queda un pequeño fulgor, un haz de luz allá, debajo del cuadro de la pantalla ¿Recuerdas ese largo, largo día?
Recuerda y filma y escucha: “si pudiera vivir otra vez/volvería a enamorarme de ti”. La pantalla está en negro, es el fin de El largo día acaba. Es el principio del cine.
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Una respuesta a 6/6: EL LARGO DÍA ACABA de Terence Davies

  1. Leonardo dijo:

    Genial.

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