30/5: EL SOL de Alexander Sokúrov

Hoy a partir de las 20 hs., como cierre del foco Sokúrov, su película sobre Hirohito.

El Sol de Alexander Sokúrov (Rusia/Italia/Suiza/Francia, 2005, 110′)

Viajar, sí, a través del tiempo y el espacio, otras geografías, otras edades, otras formas de ver y de situarse en el mundo. Pero ¿por qué viaja un cineasta?, ¿qué encuentra en ese otro lugar que no exista en el propio?, ¿cuáles son las imágenes y las historias que roba, que negocia, que traduce?, ¿qué se pierde en ese tránsito cultural?, ¿qué se transforma en ese tráfico simbólico?, ¿qué circula? Tal vez ese “ningún lugar adonde ir” de Meckas sean todos los lugares y todos los sitios, todas las personas y las vidas, todo lo que fue y lo que es, todo lo que se puede imaginar y recrear, falsificar y mentir, documentar, inventar, copiar, evocar… todo lo que puede mostrar el cine. Una conversaciòn, por ejemplo, la que sostienen Hirohito y Mac Arthur en un pasaje bisagra de El Sol, una secuencia que encapsula no sólo un modus operandi (norteamericano) de vida sino también la idea (japonesa) de lo que significa transitar por ella ataviado de poderes casi supraterrenales. Entre el “yo no tengo sirvientes” y “nosotros no tenemos industria pesquera porque podemos comprar todo” y la imposibilidad de abrir una puerta por sí mismo, disfrutar de un habano por primera vez e intentar platicar sobre biología marina -pero también recordar Hiroshima-, entre la practicidad capitalista y el anacronismo imperial, entre los ganadores de todo (del mercado, sobre todo) y los perdedores de algo más que eso, hay no sólo una divergencia de intereses nacionales, capitales privados y mandatos históricos, frente a caprichos personales, el ethos de un pueblo y mandatos divinos; es un abismo cultural infranqueable en esa mitad del siglo el que se encuentra entrevisto en una cena de candelabros crepusculares. Antes de esto, el film es un encierro grisáceo, un bunker en sí mismo por el que deambula Hirohito para encontrarse con su estado mayor y explicarles -poética, alegóricamente, sin que ninguno de ellos entiendan bien de qué se trata- que la continuación de la guerra solo puede seguir generando desgracias para el pueblo, una pesadilla de bombas, fuego y peces voladores, un poema inconcluso, una carta dirigida a su hijo, una visita al laboratorio marino; la sombra de una divinidad atrapada entre un designio celestial y el deseo mundano de una conversión cotidiana. Y después de aquello, la vista del provincianismo made in USA a través del periodismo fotográfico y la admiración por los animales paradisíacos de un Edén en medio de la devastación, la pose caricaturesca, irónica, divertida, de alguien que admiraba las estrellas de Hollywood y hojeaba nostálgicamente un álbum familiar presidido por estatuillas de Darwin y Aristóteles, y un recorrido ominoso por entre las ruinas de una ciudad de esqueletos citadinos y despojos humeantes y harapos inclinados y pulcros uniformes. No debe haber muchos films -y de hecho hay muy pocos- por medio de los cuales podamos comprender qué significa columpiarse entre el Cielo y la tierra, literalmente. Vivir en ésta parece ser el único lugar posible para no vagabundear eternamente por un velo de ensueño. O casi.
Fernando Pujato
Esta entrada fue publicada en Funciones, Textos/Críticas. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s