24/5: Penúltima función de NOCHE SIN FORTUNA

Nos quedan tan sólo dos Jueves de Noche sin fortuna, el documental sobre Andrés Caicedo de Francisco Forbes y Alvaro Cifuentes que estamos exhibiendo como estreno del mes.

Noche sin fortuna es un documental sobre Andrés Caicedo. Un documental detectivesco en el que más que las pistas de un asesinato, se buscan las huellas que dejó el muerto. En general, estos biopics sobre artistas malditos están hechos por personas que se supone tienen algún tipo de relación directa con el personaje o con el mundo de ese personaje. Tal pertenencia otorga cierta “autoridad” para contar la historia. Entonces, lo primero que sorprende es que la película esté hecha por dos jóvenes, que por su edad, no pueden haber conocido a Caicedo en vida, ni formado parte del llamado “Grupo de Cali”, del cual Caicedo fue una especie de centro simbólico. Podríamos decir entonces, que los directores no gozan de esa “autoridad”, o por lo menos, que van a contar una historia que le es ajena, que no protagonizaron, que tienen que salir a buscar. Uno podría imaginar que esta situación se traduce en una manera particular de abordar el relato: poner en perspectiva al personaje y su contexto, tomar distancia para poder hacer una reflexión crítica motivada por el paso del tiempo y por la conciencia del destino que les deparó los años vividos al límite. Pero no. Si bien Forbes y Cifuentes se encuentran con lo que quedó de esa generación y de los lugares que habitaron (uno puede ver y percibir las ruinas del tiempo de Caicedo en la cantidad de gente muerta y en lo desgastado y cansado del rostro y el relato de algunos personajes entrevistados) la película se instala en otro terreno, en el del mito, en el de la fascinación por un personaje que les parece extremadamente genial y misterioso. No interesa ya el grado de verdad ni el apego a la realidad que haya en la figura que se construye; interesa erigir una imagen, despareja brutal feroz exagerada, partiendo de los objetos que constituyen ese mito: anécdotas, cartas, guiones, música, cuentos, dudas, rumores. E interesa que el movimiento que encadena todos esos materiales goza de una actitud creativa generada por el infinito amor al material. De este movimiento surgen momentos sublimes como el western/storyboard/animación basado en un guión que Caicedo nunca pudo mostrarle a Roger Corman. Y sobre todo interesa que la película invita a ver más, a escuchar más, a leer más sobre Caicedo. Y a Caicedo. Ramiro Sonzini (reseña completa acá)
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En los primeros minutos una voz en off dice: “¿Cómo diablos puede convertirse un tipo de 25 años en un autor inabarcable?”. El tipo en cuestión es Andrés Caicedo, el enigmático escritor (y crítico de cine) colombiano, miembro del grupo de Cali, fundador de la revista de cine Ojo al cine, cineclubista, ícono indiscutible de una generación inconformista, que se suicidó el 4 de marzo de 1977. Este sólido y amoroso trabajo sobre la figura de Caicedo y su generación transmite el exceso vitalista y la auténtica transgresión de su personaje a través de testimonios de sus amigos y amores (entre ellos el cineasta Luis Ospina, Eduardo Carvajal, Carlos Mayolo, Miguel González, los hermanos Lemos), material de archivo, fragmentos de películas de ese tiempo, citas cinéfilas, una excelente animación basada en un guión escrito por Caicedo, Los amantes de Suzie Bloom, un western con el que Caicedo intentó ingresar a Hollywood y conocer eventualmente a Roger Corman. La autenticidad y complejidad de ese autor inabarcable, venerado por Forbes y Cifuentes, resulta comprensible y asible por la inteligente puesta en escena y eficacia narrativa del film, cuya sociología precisa e investigación rigurosa permiten asociar el viaje libertario de Caicedo y sus amigos con un tiempo histórico específico. Una película irreverente, más allá del bien y del mal, que ilumina la vida de un artista poco conocido mimetizándose con su objeto excluyente hasta el punto de ser una pieza cinematográfica creativa e iconoclasta, como si el propio fantasma de Caicedo estuviera ligando los planos que lo representan. Roger Koza (extraído de su blog, Con Los Ojos Abiertos)
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