Sobre MELANCOLÍA de Lars von Trier

Se enojó Pujato. ¡Pero qué hermosa es Kirsten Dunst!

¡Qué bello es morir!

por Fernando Pujato

Burlarse, despiadada y poco sutilmente, de los ricos, o mejor, de esa clase media acomodada con pretensiones modernas de no serlo y aspiraciones decimonónicas por llegar a ser: un blanco fácil. Presentar a los hombres como estúpidos publicistas sin alma (algo que von Trier, como buen publicista que es, conoce muy bien), estúpidos pero simpáticos borrachos, estúpidos pero indulgentes, estúpidos pero salvaguardas de la Alta Ciencia: un blanco aún más fácil. Exponer a las mujeres como esposas despechadas y condescendientes, madres  severas y afables, novias al borde de la psicosis y dotadas de una prístina clarividencia: un blanco certero. Exhibir niños inocentes e inquietos e  inventores, algo así como el pequeño “buen salvaje” del siglo XXI: un blanco aún más certero. Y, por supuesto, el fin de nuestro Mundo, de este tránsito agobiante, ilusorio y engañoso, de este planeta que no merecemos por todo lo que le hacemos, por nuestra soberbia cientificista y demás banalidades naturalistas, por nuestro egoísmo y nuestra ceguera y nuestra superficialidad; la sempiterna perorata pequeño burguesa de lo que somos.
No hay mucho más que esta apretada síntesis -pero no sinopsis- en el film de von Trier, que se ocupa de presentar pomposamente, en ralenti, a modo de obertura, los momentos cumbres de esta suerte de magnífico espectáculo audiovisual de ribetes wagnerianos. De allí en más, luego de esos planos límpidos, sin fisuras y sin rugosidades, sin cuerpos que domesticar ni figuras fuera del encuadre, tan bellos y claros como una noche de luna llena que nunca veremos en la realidad, tan hermosos y poderosos y deslumbrantes como la vista de dos planetas chocando en la vastedad de todas esas estrellas que no conocemos, tan sólo debemos acomodarnos plácidamente en donde sea que estemos sentados y asistir, una vez más, a la farsa del Dogma cámara en mano, al aniquilamiento del espacio cinematográfico, a una historia banal, complaciente y manipuladora, y a una narrativa tan lineal como puede serlo un principio, un desarrollo y un final (literalmente).
No estamos muy lejos del pastiche New Age puritanista de 2012, sólo que aquí no hay salvación posible, ni Nuevo Mundo, ni altisonantes discursos acerca de la Humanidad pero sí la postura de erigirse en el Pater dispensador de recompensas y castigos, y la impostura de seguir jugando al enfant terrible del cine festivalero contemporáneo disfrazando un cine tan industrial y norteamericano y grosero como el de Emmerich por otro cine de corte artesanal, europeo e inteligente -terriblemente cool, por supuesto. Acaso Donnie Darko, tratando más o menos el mismo tema, no tenga las cultas pretensiones finalistas ni las bellas imágenes de Melancolía, pero su aire pop y juguetón resulta mucho más atrevido para que podamos imaginar qué puede significar estar ante las puertas del exterminio humano, saberlo, y tratar de comportarse de acuerdo al sentido común (esto es: intentar sobrevivir) sin apelar a comportamientos incontrolables con tintes psicologistas producidos por fenómenos astronómicos. Y ninguna escena del film de von Trier posee la libertad de colocar en un plano a un terrorífico conejo gigante notificándole a un adolescente que el fin del mundo acaecerá en unos pocos días; tampoco, claro está, a un caballero medieval jugando una partida de ajedrez con la Muerte, se piense lo que se piense sobre El séptimo sello, sus alegorías, y el cine de Bergman en general. A cambio podemos disfrutar del hermoso cuerpo desnudo de Kirsten Dunst recostada “melancólicamente” sobre la hierba, bañada con la luz del planeta exterminador, en un plano alejado primero y un primer medio plano luego, como para que no olvidemos la fatalidad de su belleza y recordarnos que debemos comprar ese producto, sea lo que fuere que anuncie esa publicidad.
Que esta mercancía-cine no sea del todo homogénea no significa que no esté absolutamente pautada, formateada y envasada en arreglo a que el espectador de cualquier lugar de este ancho y venturoso mundo pueda inteligir el patetismo de las vidas humanas que transitan, o más bien permanecen, en el film del director danés. Desde la crueldad sacrificial femenina en Contra viento y marea, pasando por la tortuosa abnegación consanguínea de Bailarina en la oscuridad, con escala en la vejación comunitaria de la inocencia en Dogville -por nombrar sólo tres ejemplos que podrían multiplicarse- hay aquí, claramente, un cambio de perspectiva con respecto al rol, al lugar, a la posición, o como quiera que se le llame, de la figura femenina (figuras y figurantes, nunca personas e individuos). Ya no más obtusas heroínas debatiéndose contra el Destino y la imbecilidad de los hombres, ya no más el pequeño renunciamiento a lo propio en pos de la pequeña salvaguarda de lo ajeno, ya no más golpizas y torturas y vejaciones -y venganzas también- sino la clarividencia de lo ineluctable y la certeza de lo elemental. No es otra cosa lo que está en la confusa, y luego cegadora, conducta de Justine, y en la firme, y luego desesperada, conducta de su hermana Claire, cuando descubren, a través de los influjos planetarios y la ciencia del sentido común -esos guiños tan caros al quehacer de la pequeña burguesía-  la aniquilación total, el fin de Todo.
Desde ese registro tipo “video casero” en planos cerrados de los festejos de una boda con  toda esa gente horrible, pusilánime, egoísta y trivial, pronunciando discursos aún más estúpidos -otro guiño para la platea-, sufriendo en las otras dependencias de la casa, y la alternancia con esos magníficos planos abiertos en la noche, desde la arbitraria disposición en dos partes del film cuando en realidad no hay nada más que contar desde su inicio, desde el manejo titiritero de esos pobres personajes que no merecen otra cosa que inmolarse, simbólicamente o no, porque el capricho directorial es lo único que importa, aquello que está a lo largo de toda La vida es bella está despachado aquí en unos cuantos minutos; pero ya se sabe, Benigni es ordinario y no sabe filmar, en cambio Lars von Trier es refinado y hace de lo oculto de la muerte un soberbio ritual. La niñez sucumbirá con nosotros pero no es necesario que lo sepa. Es preciso guarecer lo bello del morir.
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9 respuestas a Sobre MELANCOLÍA de Lars von Trier

  1. ojosabiertos dijo:

    Publicidad ideal para vender corpiños o terrenos en Capilla del Monte.

  2. ojosabiertos dijo:

    Pujato lo expresa muy bien. Es justo. Lo que no sabe es que ésta es mejor que la anterior, aunque El anticristo se la dedicó a Tarkovski y Melancolía al hombre de bigote, el vegetariano. Saludos. RK

  3. nochedelcazador dijo:

    No creo que vea El anticristo, ya es suficiente de von Trier por un tiempo. Un abrazo, FP

  4. Me parece un absoluto imbecil este tal Pujato, he podido disfrutar cada una de sus peliculas y todas me parecieron de un excelente nivel, nadie puede negar su genialidad quizas el que escribio esto siente una gran envida porque nunca va a poder filmar con estrellas de hollywood y hacerles hacer una pelicula en un set teatral solamente el puede darse esos lujos, me quito el sombrero ante este gran director.

    • La menor de mis preocupaciones es filmar, no soy director de cine ni quiero llegar a serlo. Todo bien que el publicista te parezca genial pero imbécil va con acento y no es necesario que lo vuelvas a escribir; podría ser “no estoy de acuerdo…”, no me parece…”, “creo que te equivocás…” y cosas por el estilo, aunque supongo que lo que te interesa es tratar mal a la gente que no está de acuerdo con lo que pensás y eso es difícil de arreglar. FP.

  5. Fonético Filantrópico dijo:

    A mí tu crítica me resulta sorprendente, porque no me la esperaba.
    La verdad es que cuando vi la película, no solo no me pareció importante la circunstancia de contenido (en términos de división de clases, efectismo erótico, o adjetivación de oficios), sino que pensé que la forma de esas circunstancias es interesante.
    Quiero decir, la película a mi no me hizo referencia, hasta que leí tu texto, a `Exponer a las mujeres como esposas despechadas y condescendientes, madres severas y afables, novias al borde de la psicosis y dotadas de una prístina clarividencia` .
    Creo que eso es un detalle al lado de una idea de ficción, que me parece que Von Trier sostiene hace mucho, que para mi funciona más allá de las lecturas que se puedan hacer desde el estereotipo.
    Por ejemplo con Dogville, donde los personajes son arquetipo y estereotipo a la vez, tienen un oficio, pero también tienen un nombre.
    De pronto resulta poco importante que la situación se de en ese entorno, es más, me lo tomé como una excusa del tipo para mostrar un paisaje más despejado de gente que el que proponen la mayoría de las distopías que acaban en la destrucción del planeta, haciendo uso del terror masivo.
    A mi me resulta interesante la relación entre esos personajes en particular, me parece una situación poética.

    De todos modos, es una opinión, así viajé yo con esta película, cada quién ve lo que ve.
    Pienso que en la ficción no es necesaria una correspondencia realista estricta, y los bordes de la realidad son deliniables.
    Creo también que el uso de recursos fuera del estilo que tenía antes Von Trier (por ejemplo no usar luces efectistas, ni poner su nombre en los créditos, y es lo primero que hace) es a propósito.

    En todo caso, que veamos cosas distintas, hablará bien de nosotros o del director?

    • Que veamos cosas distintas -o en todo caso más o menos lo mismo desde lugares diferentes- no creo que sea un punto a favor de Trier; y sí, el problema es que sigue repitiendo las mismas características femeninas y masculinas en casi todos sus films, pero no lo veo como una cuestión de estereotipos sino más bien como él mira al mundo, o a las personas que están dentro de él; y la escena final me parece lo más horroroso que he visto en mucho tiempo como celebración de la muerte.

  6. Patricio Carroggio dijo:

    Von trier retrata, analiza y critica su entorno: burgueses europeos pusilánimes en decadencia. ¿Que hay de fácil en eso? Diría que el Sr Pujato mezcla en demasía poca simpatía hacia esa clase social para forzar la exposición de la parte mala del film. saludos

    • Que pone en escena esos lugares comunes de la burguesía, no hay duda; pero no veo ningún análisis y ninguna crítica allí; y no veo partes malas en el film que es, como ya lo di a entender, el cine como un espacio publicitario. FP.

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