7/10 – 9 HISTORIAS DE CINE DE LOS 90: José Fuentes Navarro presenta WITTGENSTEIN

Sexta función del ciclo de los 90, segunda presencia local. José Fuentes Navarro (nuestro programador de La Noche del Cazador) eligió una original y sentida biopic sobre el filosófo Ludwig Wittgenstein.

Wittgenstein de Derek Jarman (Reino Unido/Japón, 1993, 75′)

Hay una luz que nunca se apaga

por José Fuentes Navarro

Hay un chiste venenoso de François Truffaut que dice algo así: Gran Bretaña y Cine son palabras incompatibles. En esa misma dirección, pero con mayor crueldad, Jean-Luc Godard dice en el segmento sobre el neorrealismo italiano de Histoires du Cinema que después de la guerra los americanos hicieron publicidad, los rusos films sobre mártires y los ingleses lo que siempre hacen con el cine: nada. En Argentina, Rodrigo Tarruella lo limpiaba de un plumazo diciendo que era un cine insulso que se acompañaba muy bien con el té de las cinco de la tarde.
En líneas generales uno tiende a darles la razón, pero el que generaliza se equivoca (bueno, decir eso es también generalizar). Así que esas eminencias estaban erradas. Sobre todo para los que piensan que hablar de cinematografías es complicado, prefiero hablar de películas en cierto tiempo y cierto contexto. Sobre todo hoy, que gracias sobre todo a la web, vemos cine de manera vertical. Bajamos toda una filmografía y miramos sin orden o sin tratar de investigar un cierto tiempo, un cierto lugar o alguna particularidad en la vida del autor de esas películas. No es lo mismo La diligencia que El ocaso de los cheyennes de John Ford, o El dependiente que Soñar soñar de Favio, para dar dos ejemplos claros. Algo pasó en el medio. Sea curioso. Ese es el principal punto negativo de esa permitida crasitud. Eso deviene en aburrimiento y hastío y le damos al ffww, y así dejamos dormir literalmente cientos de películas en su lecho virtual. Más es menos.
Me encantaría contextualizar 1993 pero me resulta difícil y no pienso recurrir, al menos hoy, al google, esa memoria virtual. Me acuerdo de la paliza que le propino la Colombiadel Pibe Valderrama a la selección Argentina, de la salida de In Utero de Nirvana y de cierta noción de consenso que se empezaba a cimentar alrededor del gobierno de Menem, pero de eso nadie se acuerda. Spielberg ganaba el Oscar con el espectáculo del Holocausto y La Pianista, ese bodrio de Jane Campion, la Palma de Oro. Es decir tiempos aciagos para el cine (siempre lo son). Supongo también que la idea de la muerte del cine (idea afectada pero que sirve para pensar, me digo; bah, no, es un tontería por donde se la mire) estaba en su cenit.
La muerte (qué oscuro que se pone esto) también andaba rondando a un, entre otras cosas, cineasta ingles llamado Derek Jarman que aceptaría un ofrecimiento de la televisión inglesa para rodar un capitulo de una serie de documentales sobre filósofos con guión del crítico literario Terry Eagleton. Jarman leyó el guión y quedó fascinado por la vida y la obra del personaje a retratar, aunque pidió reescribir el guión completo para enojo del mencionado Eagleton. Quien al ver el resultado final quedó a su vez hipnotizado por el film y fue el principal impulsor para alargar la película 20 minutos y hacer el transfer a 35mm.. El film tuvo estreno comercial, un éxito moderado y un premio en el festival de Berlín. Happy The End… o no.
“Hola soy un niño prodigio y soy asquerosamente rico”. Así comienza Wittgenstein, la película, sobre el pensador austríaco Ludwig Wittgenstein, uno de los más importantes pensadores del siglo XX.
Bastaría decir que es una biopic en clave de comedia, sin que eso le haga perder rigurosidad, para justificar que es un film único y original. Pero aún más: la película se toma poco más de una hora en contar los eventos trascendentes de la breve y extraordinaria vida del pensador y a su vez exponer claramente los fundamentos esenciales de su filosofía, por cierto antitéticos. Es un viaje inmóvil. Esos eventos, las ciudades, los paisajes, son conjurados por una cortina negra omnipresente, por props sabiamente elegidos, por el vestuario en contraste brillante. Pero sobre todo por el extraordinario trabajo sonoro que maneja. El mar de Noruega no suena igual que el mar de Irlanda, aunque de hecho nunca los vemos. Sabemos que estamos en Viena por unas campanadas marciales. Wittgenstein se aburre en una fiesta en Cambridge, a la que sólo oímos. “Se puede ver con los ojos cerrados”, diría el gran Roger Koza. Para la época Jarman se estaba quedando ciego. Su última película, llamada Blue, es eso, un solo plano azul y él y sus amigos hablando sobre diversos temas.
Wittgenstein es un film visual y sonoramente bello con un cast perfecto donde destacan Karl Johnson (Wittgenstein), Michael Gough (Bertrand Russel) y la musa jarmaniana Tilda Swinton (Lady Otolline Morrel).
Suena contradictorio que este film lleno de fuerza y de ideas sea el trabajo de un hombre que se estaba muriendo y quedándose ciego (Jarman fallece al año siguiente por complicaciones a causa del sida). El cine de Derek Jarman, Terence Davies, Terence Fisher, Michael Powell, Peter Watkins y algunos mas contradicen a la entendible, por contexto, malicia francesa. Las dos grandes obras de Wittgenstein, el Tractatus y los Pensamientos filosóficos son contradictorias. Pero si no se hiciera nada contradictorio de vez en cuando, tampoco se haría nada inteligente. En fin, de lo que no se puede hablar mejor callarse.
Esta entrada fue publicada en 1990, Textos/Críticas. Guarda el enlace permanente.

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