21/9 – LA NOCHE DEL CAZADOR: HONOR DE CAVALLERIA de Albert Serra

La segunda película del ciclo Letras del cine es una de un catalán que adaptó al Quijote. Buena ocasión para encontrarse con el cine de Albert Serra.

Honor de cavalleria de Albert Serra (España, 2006, 95′)

En la luna de Catalunya

por Fernando Pujato

Luego de explicarle en qué consiste la caballería, el Quijote interroga a Sancho si lo ha comprendido, ”por el brillo de tu mirada sé que has comprendido, Sancho”; esta frase es pronunciada con ambos sentados de espaldas a la cámara, entonces, ¿cómo “saber” el brillo de la mirada de Sancho? ¿por qué creemos que éste, aún en su aparente simplicidad, ha entendido lo que se le ha explicado? El poder de la imaginación, su fuerza para situarnos en contextos que muchas veces no son los nuestros, ni en el tiempo ni en el espacio, es algo que utilizamos a menudo y no sólo en situaciones enmarcadas dentro del sentido común, pero son pocas las ocasiones en las que lo objetivamos como tal. Aún cuando sólo sepamos, por algún comentario perdido, por alguna expresión que tenga que ver con esos -tal vez ya demasiado- famosos molinos de viento, que el Quijote era, o pretendía ser, un caballero español luchando contra las injusticias de este mundo y que lo acompañaba un gordo bonachón llamado Sancho, Honor de cavalleria nos sitúa en un lugar que imaginamos real, con personajes y situaciones reales, porque lo que vemos no es un sueño terrenal o una fantasía migratoria o un remedo novelesco. Deconstruyendo la heroicidad en el devenir cotidiano, Serra nos instala en una suerte de coming of age caballeresca de una figura tan entrañable como aquél a quien acompaña en su formidable aventura romántica, transitando siglos de historia hasta este presente especular. Con esos dos excéntricos personajes deambulando por algún lugar de España (el catalán ayuda, claro está) entregándose a un verdadero sentido contemplativo, pensando pensamientos, hablándole al cielo, escrutando la maravilla del ocio estético, privilegiando la austera ética de la amistad y medianamente preocupados por pequeñas dificultades como confeccionar una corona de laureles. Con esos cuerpos curtidos por el sol, mostrados en su diario vivir, fatigados, escrutados, filmados en un registro despojado de artificios, que va más allá de mostrar el cuerpo sufriente y demás etcéteras foucaultianos porque desplazarse, vivir en definitiva, siempre ha sido un tanto fatigoso, algo que parecía no importarle al Quijote e importarle (un poco) a Sancho. Con esa vida cotidiana como un tránsito meditativo y con ese cine no cotidiano como un tránsito de la vida, Serra renueva la ilusión, tal vez inagotable, del devenir imaginativo de la imagen.
Contemplar la vida, unas vidas, a través del cine no es un luxe molt gran que nosens podem permetre; se trata sencillamente de que un imaginativo cineasta catalán tome un libro del siglo XVI y recorra un camino que se inicia alrededor del siglo XIX para culminar en una pantalla del XXI sin convertir al uno en una obra ya perimida o al otro en un film extrañamente figurativo. Hay que ver al Quijote tomando de la mano a Sancho para bañarse en las aguas de un río, hay que ver la luna ascendiendo por sobre las siluetas de estos dos amigos. Hay que ver Honor de cavalleria.
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