7/9 – LA NOCHE DEL CAZADOR: EL TIEMPO RECOBRADO de Raúl Ruiz (no confundir con Rosendo Ruiz)

Fernando Pujato, uno de los programadores de este nuevo ciclo, dice que su génesis tuvo mucho que ver con la visión de Misterios de Lisboa de Raúl Ruiz hace muy poco tiempo. En el medio, recibimos la noticia de la muerte de ese cineasta de imaginación desatada, inagotable, fascinante, única. Ojalá nunca dejemos de ver sus películas. Ojalá hagamos muchos más ciclos que empiecen con películas de Raúl Ruiz.

El tiempo recobrado de Raúl Ruiz (Francia/Italia/Portugal, 1999, 162′)

Adaptar, alterar. Someter, sustituir. Tergiversar, traicionar. Llevar las letras al cine, escribir dentro de él. Sintonizar el texto con la música, disociarlo. Apoyarse en los personajes, en sus rostros, en sus gestos. Privilegiar la imagen, el cuadro, el montaje, el objeto cine. Y todo esto junto. Y aún más.
¿Qué vemos cuando una obra literaria (novela, ensayo, prosa, poesía) recala en la pantalla? ¿Que queremos ver? ¿algo distinto -pero igual- que el original? ¿leer antes del cine o después? ¿acaso durante?. Sea como fuere, el dilema mayor no puede ser, seguir siendo, fidelidad vs. traición sino más bien “hospitalidad lingüística”, recibir la lengua del extranjero, como lo planteaba Paul Ricoeur -y se entiende muy bien lo que quería decir con esto. Entonces, alojar a la obra, hospedarla en la forma y el fondo, habérselas con los personajes que conducen el relato, que lo pivotean, que lo atraviesan, que lo significan. Protegerlos. Y protegerla. Como los cuatro films que conforman este ciclo lo hacen, de distintas maneras, acentuando tal o cual aspecto de la puesta, pero exhibiendo un respeto que no es una subordinación o una prudencia o un distanciamiento. Es mostrar que el arte no es un arbitrio al servicio de nada…o de nadie. Es un diálogo abierto al mundo que lo contiene.
Ese mundo que es un gran flashback recordatorio, en el que nada verdaderamente importante (salvo la Primera Guerra Mundial) parece haber sucedido, pero que es la feroz y amorosa disección de una época, de una clase social, de unas criaturas situadas en un Tiempo no ya circular, cíclico o progresivo, sino cada vez más distante, más alejado del yo, pero concentrados espacialmente.
No es otra cosa lo que hace Raoul Ruiz en El Tiempo Recobrado: conducirlos por entre los planos, dispararlos dentro del registro a través de esa memoria  “involuntaria” sensorial y objetual proustiana que se pasea por las ciudades, los salones, y las habitaciones de una vida cuyo horizonte siempre estuvo detrás de ella.

Fernando Pujato [fragmento del texto que acompaña el ciclo Letras del cine (formas del narrar)]


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