5/9 – FANTASMA: EL MUNDO VIVIENTE de Eugene Green

Primera película de la nueva programación bimensual de Fantasma. El segundo largometraje de Eugene Green es un cuento de hadas con perros haciendo de leones y brujas lacanianas. No se la pierdan.

El mundo viviente de Eugène Green (Francia/Bélgica, 2003, 70′)

El primer plano de una película

La foto que vemos aquí arriba está tomada del comienzo del primer plano de El mundo viviente (Eugene Green, 2003), primera película de esta selección de nueve películas. Por qué empezar con esta película, por qué empezar con el primer plano de esta película y por qué empezar un texto con el primer plano de una película. El primer plano de una película no está cargado del plano que lo precede. No hay plano que lo precede. Entonces, no hay idea, no hay imagen, no hay contexto (excepto que una música se anticipe a la llegada del plano) que nos acomode en el plano. Ésto hace que cualquier primer plano de cualquier película tenga algo de misterio. Muchas películas tratan durante todo el resto de la película de disipar el misterio que trae consigo el primer plano. Un camino posible. Otras toman ese misterio como punto de partida para sentar una base anímica, una sensación residual que la película sobrevolará durante el resto de los planos. Otro camino posible. Volvamos al misterio del primer plano, en este caso del primer plano de El mundo viviente. Sobre la imagen de esta habitación vacía escuchamos el siguiente diálogo:

– Se ha ido hace tres días.
– Nos llamará.
– No.
– ¿Cómo puedes saberlo?
– Lo que está dicho, está dicho.
El diálogo se encarga de asentar el misterio que trae consigo el primer plano: quién se fue, por qué, a donde, quienes son los que hablan, donde están. La película continúa, o más bien comienza, y podremos inferir que quien se fue es el protagonista de la historia. Esa es una alternativa. Pero también podremos inferir que quien se fue nunca volverá y por lo tanto la película nunca podrá ponerlo en escena. La película no volverá a esa habitación, no retomará el diálogo entre los dos extraños. La película probablemente comienza con esa escena para instalar la duda sobre lo que pudo ser, sobre lo que es  y sobre lo que será (de las voces y la habitación). Pero es una duda que impregna la habitación, vacía de sujetos y de historias, y que encuentra como salida el repentino movimiento de las hojas de un árbol a través de una ventana. El plano avanza en travelling hacia la ventana (la película se mueve hacia ella) para captar la forma en que el viento mueve las hojas del árbol que se encuentra fuera de la habitación. El bosque, que se encuentra en el afuera (de la habitación y del plano) llama la atención de la película, la invita a dirigirse (y reencuadrar) hacia ella. Luego vendrá el segundo plano de la película.

Ramiro Sonzini


 

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