20/7 – LA NOCHE DEL CAZADOR: PACTO DE SANGRE de Billy Wilder

Tercera y penúltima del ciclo romántico de La Noche, cuyo título es El amor (más allá de…) pero para el cual se barajaron títulos como “Esos dos viejos verdes que presentan los Miércoles en el fondo son unos tiernos” o bien “A mí no me vengan con eso de que el amor no es una porquería”. Le interesa a este ciclo una pregunta: ¿cómo filmar el amor? Problema recurrente pero siempre inquietante. Escribe Fer Pujato.

Pacto de sangre, de Billy Wilder (Estados Unidos, 1944, 107′)

No hay auroras ni milagros en Double Indemnity/Pacto de sangre. Así, secamente, como un policial noir. Que comienza con un auto zigzagueando por las calles de L.A. (un cartel de obreros trabajando así lo indica), con una silueta tambaleante bajando de él, entrando a un edificio, a unas oficinas de seguros, grabando una desconcertante confesión; sabemos dónde estamos, sabemos quién es el asesino y, a través de ese flashback purgatorio que ordena todo el film, sabemos el porqué, el cuándo y el cómo. Bien, Neff (un extraordinario Fred Mac Murray) es el doble asesino y Dietrichson (una extraordinaria Bárbara Stanwyck) su cómplice y asesinada, y Keyes (un aún más extraordinario Edward Robinson) el compañero de Neff encargado de dirigir la investigación por la doble póliza de seguros que la compañía debe pagar a la viuda de la novela de James Cain, con un guión de Chandler y del propio Wilder, en la que está basada el film. Que es, por ponerlo en términos indubitables, soberbio. No tanto porque sea una lograda adaptación, el cine como sucedáneo de la literatura, bueno para contar historias, para narrar, para leer, sino más bien por la atmósfera que Wilder le imprime, por el clima que instala, por la puesta que estructura. Un mundo donde el dinero, o mejor, la ambición de poseerlo y la renuencia a desprenderse de él, es un mandato imperativo; un lugar en el que una infernal maquinaria legalista moral no da (casi) ninguna posibilidad de sortear su clausura; la vista de un espacio opresivo, acotado, nocturno, que se cierra sobre los personajes, que dirige sus conductas, que manipula sus deseos. Confiar en que un acuerdo homicida puede devenir en algo más que eso quizá sea confiar en una trampa (in)conscientemente montada. El amor, a veces, llega muy tarde y muy cerca. Tal vez demasiado lejos. Fernando Pujato (nochedelcazador.wordpress.com)
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