11/7 – FANTASMA: ROXIE HART de William A. Wellman

En Fantasma, esta noche, una nueva película de William Wellman, director en foco este año. Se va la cuarta: Roxie Hart (1942). Habrá más de Wellman. Los esperamos a partir de las 20.30 hs., ya lo saben: Bv. San Juan 1020 casi esquina Mariano Moreno.
Les dejamos el texto de Fantasma para su programación de Julio y Agosto, más una foto de Ginger Rogers como Roxie Hart.

FANTASMA JULIO/AGOSTO 2011

Digamos que el cine puede registrar el cambio. Digamos que consideramos viable esa alternativa, que intervenimos con una fuerte dosis de creencia, de fe en el asunto. ¿Antes y despueses, causas y efectos, hacer los muestrarios correspondientes? Algo de eso hay, pero es otra cosa, otra experiencia del tiempo, más bien, la que intentamos describir ahora, ubicarla.
Avanzar de esta afirmación por lo pronto bastante vaga, intentar comunicar lo que nos inquieta, es también encontrar un nombre para la idea, darle presencia por un acto de lenguaje. ¿Y qué mejor nombre para empezar que Hou Hsiao-hsien? ¿Qué otro cineasta, para nosotros, expresaría mejor esa sensación de mutación en tránsito, de emociones inestables, de un cine que combina la experiencia física de los materiales que ocupan el plano con la sensación de que esa presencia es frágil, volátil, nerviosa? Instalada demasiado rápido la figura de Hou -¿capricho de la memoria? Creemos que no del todo-, insistamos igualmente en ir un poco hacia atrás. Escribir mientras hacemos memoria, en todo caso.
Volver, por ejemplo, hasta el extraño cine de William Wellman, a su recurrente descripción de microcosmos a punto de disolverse, el ingreso a climas que inspiran erosión, desgaste. A la desestabilización de la ley que gobierna en un microcosmos, sigue un estado de caos y reacomodamientos, quizá derrumbes, quizá reconstrucciones; ese estado de cosas le interesa a Wellman. Pongamos por caso El rastro de la pantera: el felino amenazante del título es la excusa para iniciar un recorrido por la crisis interna de la familia. El desarrollo de esa tensión toma forma de un tránsito entre habitaciones, desplazamientos y choques en un espacio demasiado poblado para unos, demasiado retirado para otros.
Aprovechemos Roxie Hart -un Wellman más cómico pero no por eso menos mordaz- como excusa (ya que estamos con las panteras) para sumar al coming of age como foco para pensar el asunto de la transformación en el cine. ¿En qué cambiaste, mientras pasabas por todo ésto, Roxie? No lo sabemos con certeza. Pero flota una idea: la de la experiencia como condición del aprendizaje. Eric Rohmer para Serge Daney: “Toda idea que no haya sido experimentada –es decir, encarnada, filmada- no existe. Igual para los personajes: para los que consienten en ver alguna cosa, les es preciso un periplo, una iniciación, una prueba al final de la cual ellos habrán merecido lo que ya tenían pero que debería volverse más profundo.” (1966). Lo que era un poco más aleccionador, más ácido, una travesía encerrada en Roxie Hart, tendrá en Perceval el galo de Rohmer la forma sinuosa y más aireada de la aventura, la salida como esperanza de conocimiento, el conocimiento como transformación. Una pedagogía circular curvada y abierta en el aprendizaje que sigue a cada encuentro.
De un orden parecido de eventos –lo decimos una vez más: el desorden aquí y ahora de las mutaciones-, más un tono de encantadora complicidad, está hecha Jaguar de Jean Rouch. El viaje, la road movie por África y la cámara de Rouch como un trance posible entre el cineasta y quien es filmado, una zona de incesantes intercambios entre ambos. Ciné-trance: “Para mí, la única manera de filmar es caminar con la cámara, llevándola hacia donde es más efectiva e improvisando algún otro tipo de ballet con ella, intentando hacerla vivir tanto como la gente a la que está filmando.” (Rouch, 1973).
¿Y qué le pasa, por su parte, a Mouchette? El estilo de Robert Bresson tiene que ver, entre otras cosas, con guardar ese misterio, con cierta humildad de desconocerlo. Si el tránsito es dramático, con Bresson el drama es más bien una cuestión de distancia, de retiro antes que de invasión, de observación antes que de histrionismo. La observación se parece en Mouchette a una recolección: reunir fragmentos que rasgan el aire, organizar un montaje para esas cuchilladas, obtener de ese montaje una respiración lenta y al mismo tiempo ansiosa, angustiante, evitar en ello la pretensión de un desciframiento.
En esta variación sobre el registro del cambio, nos quedaría decir algo sobre la Historia. En medio de tanta fe en el cine, agreguemos la de recuperar el presente de eventos pasados, invocar la sensación de habitarlos, recurrir a la imaginación como estímulo para hacerlo. Evocación histórica combinada con un poco de magia, hay que decirlo (y no estamos diciendo realismo mágico, que no haya malentendidos). Algo que se produce ejemplarmente entre la Historia de China y Jia Zhang Ke cuando la aborda en Plataforma, película en que el problema de evocar tiene que ver con construir un modo particular de sentirse en relación a una época (en este caso, China para Jia durante los 80). Habitar ese sentimiento es para Jia, primero, ofrecer sus huellas materiales: las transformaciones tanto de la arquitectura como del espacio íntimo, los cambios en costumbres y ritos, el seguimiento de variaciones más sutiles, como comportamientos, formas de hablar, gustos, modos de vestirse. Habitar ese sentimiento es filmarlo en una atmósfera triste y desoladora, pero, como dijo alguno otra vez que pasamos la película, iluminada por un fascinante cariño por sus criaturas, por un humanismo gigante. De este lado de los cruces entre historia social y relato íntimo, entre comunidad e individuo, entre cambio histórico y transformación personal, tenemos también a El ejército desnudo del emperador marcha desnudo de Kazuo Hara: política radical asumida como forma de vida.
No sabemos si nos salió decirles algo –es improbable que hayamos podido-. En el intento desordenamos algunas ideas sobre crecimiento, aprendizaje, desplazamiento, entrelazado, viaje. Son palabras que nos llevan a pensar en la acción del cambio sobre la vida del mundo. Son procesos que en estas películas, nos parece, permiten hacer una experiencia, la de pasar por una transformación, la de estar en tránsito. Digamos lo mucho que nos conmueve el cine capaz de recuperar el presente de esas transformaciones, el cine obstinado en capturar, en comunicar, en hacer renacer semejante experiencia.

Ramiro Sonzini / Martín Alvarez

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