04/05 – LA NOCHE DEL CAZADOR presenta: LA VACA de Dariush Mehrjui

Última visita al MERCADO PERSA, ciclo iraní programado por LA NOCHE DEL CAZADOR. De la de esta noche vienen hablando desde que empezó el ciclo. Desde que empezó el año, bah…

Viaje hasta muchos años atrás en la historia del cine de Irán en busca de este descubrimiento, esta sorpresa que Fernando Pujato y José Fuentes Navarro prometen para la noche.

La película se llama LA VACA y la dirigió Dariush Mehrjui en 1969. ¿Qué pasaba con el cine iraní apenas antes de Kiarostami?

Ocasión para pensarlo esta noche, a partir de las 20.30 hs., como siempre: Bv. San Juan 1020 casi esquina Mariano Moreno.

Y a continuación, maravilloso texto del crítico y programador de La Noche del Cazador, Fernando Pujato.

LA VACA de Dariush Mehrjui (Irán, 1969, 105′)

por Fernando Pujato

Rostros. Rostros de ancianos detrás de unos arbustos, cruzándose frente a cámara, asomándose desde una pequeña ventana. Figuras. Figuras de mujeres sentadas en el frente de una casa, de hombres mirando desde una improvisada atalaya. Y niños, correteando con antorchas de fuego, prestándose a un juego un tanto macabro con el “loco” del pueblo -dicen que en todos los pueblos siempre hay alguno. Y lo que parece en principio ser una travesura infantil presidida por un muchacho un tanto mayor, un tanto inconscientemente cruel, culmina siendo una suerte de pasatiempo grupal, de edad y de género. Los hombres adultos están al margen, tomado té, quejándose de los vecinos paganos que les roban y saludando a Hassan, que llega con su vaca (la única del pueblo) después de haberla bañado en el río.

Y todo eso que está presente en los primeros minutos del film, todas esas callejuelas sin orden aparente, esas casas escondidas tras las paredes de terracota, esa pileta de agua comunal, esa pequeña aldea sin nombre de alguna zona rural del Irán profundo, es lo que no se había visto hasta entonces. Y todas esas caras y esos cuerpos atravesados por un tiempo sin edad, por un clima sin refugio, por una geografía hostil conquistada diariamente, rezada matinalmente en la silueta sobre el techo que apunta hacia la Meca, tras los vestidos negros y los velos que llegan hasta donde se es permitido mirar, tal vez estaban también en la poética desgarradora de La casa está oscura (1962) o en la impiadosa soledad de Naturaleza muerta (1974); pero aquí sólo había un par de ancianos, y allí todo era un hospicio. ¿Los albores de un cine tal y como lo conocemos hoy? ¿ese salto sin escalas -sin ese casi obligatorio período clásico- hacia la modernidad?. Tal vez. Tal vez importe.

En todo caso, lo que verdaderamente importa es este doble registro colectivo y público; porque lo que le ocurre a la vaca de Hassan y, por consiguiente, lo que sucede con él, es de la incumbencia de todos, pues allí todos se conocen: es el “viejo” Hassan, es uno de nosotros. Porque es en ese discurrir social donde el acontecimiento cobra significación, en torno al centro del poblado, en sus contornos inmediatos, en ese allí afuera que permea y estructura el sentido de lo cotidiano.

Es en esta inscripción dual donde está asentada la puesta de La vaca, que oscila permanentemente entre un acontecer diurno fracturado por un suceso extra-ordinario y un acaecer nocturno asediado por ladrones vecinales, incursiones vengativas y amores furtivos; que pone en escena extraños ritos propiciatorios cuyos ocultos secretos sólo conocen las mujeres e ilusorios intentos mundanos por remediar lo ocurrido cuyo fracaso pertenece sólo a los hombres. Un mundo categórico. Y la vista de un Irán no visto, cuyo único discurso es darlo a ver, sin encerrarlo en estampas folclóricas, en añoranzas pastoriles, en exculpaciones aldeanas.

Mientas una vida se extingue hay una promesa matrimonial, mientas algo culmina, hay algo que comienza. La lluvia cae por igual para los que se van y para los que se quedan, para los que ya no están y para los que, posiblemente, seguirán estando. Había que esperar unos años, tan sólo dos décadas, para que Abbas Kiarostami condense en un film esta particularidad universal, este vaivén tan terrenal como divino. El film de Mehrjui se llama La vaca, hubiera podido llamarse Y la vida continúa. Tanto en ese pequeño (gran) lugar. Tanto como en el cine.

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