02/05 – FANTASMA presenta: UNA PELÍCULA HABLADA de Manoel de Oliveira

Esta noche de Lunes FANTASMA empieza a ventilar sus nueva tanda de películas para Mayo y Junio. El comienzo es con UNA PELÍCULA HABLADA (2003) del maestro portugués Manoel de Oliveira. Los esperamos, como siempre, a partir de las 20.30 hs. en Bv. San Juan 1020 casi esquina Mariano Moreno.

Como es de nuestro más profundo desconocimiento los motivos que guían a Ramiro Sonzini y a Martín Alvarez a una nueva selección de películas, mejor les dejamos el texto que publica FANTASMA en nuestra nueva revista (disponible a partir de mañana). Pero sospechamos que allí tampoco afloran las aclaraciones. En fin, lo que hay.

FANTASMA: Mayo-Junio 2011

Es conocido el caso: el tren recorre la pantalla y la gente, despavorida. El nacimiento del cine queda anecdóticamente asociado a un brote de pánico. Pero toda innovación incluye como riesgo el fantasma de la costumbre. A esa fascinación primitiva sigue una doble respuesta a la posibilidad de su derivar rutinario: una tendiente al acostumbramiento, por la fuerza que conduce la maravilla hacia una cotidianeidad recostada en fórmulas, repeticiones, y por eso mismo casi inevitablemente proclive al artificio, a la impostación, a la trampa; otra más bien convencida del carácter absolutamente raro, sobrenatural del invento, y decidida a aprovechar lo extraordinario del artefacto para investigar modos también insólitos de mirar el mundo, de desnaturalizar esa presencia, justamente. Confianza, creencia, fe, se combinan con químicas distintas, desplazan miradas. Dos extremos, dos vías: convencerse de la mentira o dudar de lo real. Para aclarar un poco lo que acá se intenta decir, o más bien, para dudar mejor de lo que aquí se intenta dudar, debería hacerse la pregunta: desconfianza, sí, ¿pero de qué? De un extremo no hay mucha fe en el cine y del otro hay demasiada. Descuidados los extremos, interesa ver cómo entre ambas posturas asoma, más bien, una variación del escepticismo respecto del mundo, respecto del tren, que sigue su carrera sobre los rieles y aunque ya no provoca miedo, unos se convencen de que es de mentira, juguete demasiado falso, no importa, mientras otros le conceden algo de materialidad, pero al no huir espantados dan vida a una nueva y sostenida conducta de incertidumbre. Aparece el cine como problema para el mundo, al interior de una contradictoria forma de fidelidad cuya condición de posibilidad es la desconfianza. Jamás el reconocimiento sino el desafío de un nuevo conocer en cada intento. El cine pierde cualquier capacidad demostrativa: su oficio no es tanto señalar la verdad o la mentira como mantener en vilo ambas posibilidades, dejar abiertas ambas resoluciones. La propia ambigüedad del mundo es el recurso que tiene el cine para iluminar los materiales de los que está hecha su realidad. Ciento quince años y el ya ruidoso armatoste sigue echando humo: ¿cuántas veces se puede desconfiar de un tren sin salir corriendo del miedo?


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