Lunes 21/3 – Primera visita a WILLIAM WELLMAN en FANTASMA

Este año, FANTASMA dedica uno de sus focos al norteamericano WILLIAM WELLMAN. Sus películas estarán esparcidas a lo largo del año, empezando este Lunes a partir de las 20.30 hs. con OTHER MEN’S WOMEN (1931).

Ale Cozza, especialista en cine clásico si los hay, es la pluma invitada a escribir sobre esta gran película.

WORKING CLASS ANTI-HERO

por Alejandro Cozza

Los primeros tres minutos de Other men’s women ya son maravillosos. Un verdadero ballet de acciones sincopadas en un solo escenario: un tren pasa por un pueblo, el maquinista se baja corriendo/bailando a desayunar al comedor al lado de la vía, pide huevos, coquetea con la encargada del lugar, mientras por la ventana vemos pasar al fondo los vagones del tren… el hombre los va contando mientras come y charla con la mujer… llega el ultimo vagón, el hombre sale corriendo y se sube al tren a continuar su trabajo. El plato quedo vacío y la encargada del comedor enamorada.

Un ritmo y una precisión narrativa concentrada que no decaerá en los pocos 70 minutos que dura el film ¿Para qué más? Si con inteligencia y un gran dominio de puesta en escena basta y sobra para contar un triángulo amoroso, la historia de una amistad sacudida por la traición y el devenir de un trabajador –un retrato de clase que sorprende por lo osado para la época en cuanto a sus planteos morales- con más labia que ética, y que ofrece un chicle luego de manipular a las personas (casi siempre mujeres), para lograr lo que quiere. Sólo que parece que en esos días, nuestro (anti)héroe no se saldrá con la suya.

La maestría de Wellman está en pasar de la comedia a la tragedia sin solución de continuidad y cayendo parado tanto de uno como del otro lado sin despeinarse. ¿Cuántos directores de Hollywood de hoy tienen esa habilidad? Y eso que William Wellman era simplemente uno más entre los muchos artesanos que pululaban en los estudios del viejo Hollywood. Uno más que mostraba toda su capacidad precisamente en filmes menores (sin grandes estrellas ni mayores pretensiones, a pesar de que se puede ver en un rol secundario a un jovencito James Cagney alejado aun de los roles de gángster que lo catapultarían a la fama años después), porque eran muestras en envases chicos y condensados de todo el talento que podía alcanzar quien amaba su oficio de director de cine por sobre todas las cosas. Ni qué decir que ese amor por crear da como resultado escenas mucho más increíbles que las que lograría en la actualidad un ejército de empleados del departamento de FX armados con potentes Mac’s, ya que es capaz de conjugar el clímax dramático de la acción, con un torrencial aguacero y una monumental crecida de un río que amenaza derribar el puente por donde debe pasar el tren.

Sí, un film más dentro del sistema de estudios del cine norteamericano clásico, entre los cientos que se hacían al año en 1931 es mil veces mejor al 95 % de los que salen hoy en día de la fábrica de sueños… rotos.

El Lunes que viene en Fantasma: Petit a petit, de Jean Rouch.

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