7/9: OBSESIÓN de Luchino Visconti


La pelicula de hoy que da comienzo al ciclo es OBSESIÓN de Luchino Visconti (Italia, 1943, 140 min.).

NEORREALISMO O LOS ESPEJOS EN EL CAMINO

“La novela es un espejo que ponemos en el camino” dijo Stendhal. Del cine podemos decir lo mismo. Sin embrago uno no puede dejar de advertir que al momento de escribir su aforismo Stendhal tuvo la precaución de no adjetivarlo; el sabía muy bien que el camino era un laberinto de espejos de diferentes tamaños, colores, calidades y estados hecho a imagen y semejanza de su demiurgo. Sí, el cine es un espejo que ponemos en el camino, pero así como no hay espejo, sino espejos tampoco hay cine sino cines y aún menos camino sino caminos. La “s” no es un capricho lingüístico, es, o al menos intenta ser, honestidad orgánica con la diversidad, es reconocer que hay una otredad no ceñida a la arquitectura de mi mundo, que el singular no borra las diferencias sino que las oculta según el grosor de sus velos y la agudeza de la mirada que lo sufre. ¿Por qué todos estos tanteos gramaticales?. Porque la palabra neorrealismo puede confundir por el aura de su cuerpo desvirtuada por el discurso totalitario, principalmente mediático, que día a día intenta hacer de “su” realidad “la” realidad. Surgida su voz del interior de sus díscolos deseos, grita para imponer su verdad y enmudecer las voces desafiantes a sus ecos. Y el neorrealismo nació justamente como el desafío a una orden solipsista de mostrar “la” realidad; fue la fuga explosiva del instinto de vida después de tanto tiempo aprisionado en las mazmorras tanáticas del fascismo, fue la exposición pública de una resistencia que nunca dejo de irrigar libertad al corazón del humanismo aunque no se escucharan sus pulsaciones, fue una contundente declaración moral, de un tipo de moral, porque moral es la forma en que vivimos y no sólo un catálogo de represiones, fue una forma de juzgar a su tiempo, porque juzgar es practicar una forma de vida y no sólo acusar inquisidoramente, fue el comienzo de una escuela donde asistieron y se formaron Kiarostami, los hermanos Dardenne, Jia Zhang Ke, cada uno de los cuales asumió con grandeza la tarea de sus maestros, fue el comienzo de la reconstrucción de una nueva realidad inspirada por Gorki, Zola, Verga, Renoir, Flaherty, entre otros, sobre los escombros todavía calientes, todavía humeantes, de la guerra.“El boceto más verídico, más detallado que el detalle, y la copia más minuciosa, la colocación más certera que la composición (…) Estos films son nuestro espejo, un espejo que desgraciadamente no nos halaga demasiado (…) En estos films se encuentra la única pintura real de nuestro tiempo. Y este tiempo también es un boceto.”. Rivette definió como pocos el espíritu de este movimiento militante cinematográfico o para decirlo con sus palabras, de este “estado de ánimo”. Allí donde la mayoría veía un registro apocalíptico a modo de juicio final, es decir una pintura definitiva, concluida, él tuvo la lucidez de ver un boceto, trazos incipientes de una obra pictórica mayor destinada a no acabar mientras la tierra todavía albergue a seres que sepan que no hay fatalidad histórica, que la historia es una obra pictórica en devenir cuyas formas, cuyos trazos dependen de nuestras manos, de todas y cada una de nuestras manos por más pequeña que sea nuestra fuerza. El neorrealismo, con sus personajes, muchas veces actores no profesionales, insertos en escenarios naturales, alejados de los estudios y sus luces artificiales, con diálogos bellos en su sencillez, con sus improlijidades técnicas, con sus planos tan ricos en detalles como las páginas de un maestro de la descripción como Zola, es un llamado a la acción transformadora, a la resistencia, no el simple reflejo de un tipo de realidad, sino un nuevo mundo de posibilidades humanistas. Cuando, vueltos hacia atrás, los ojos de sus cámaras registran, como los ojos del Angelus Novus de Klee-Benjamin, las ruinas dejadas por el huracán del “progreso”, lo hacen no como la mera evidencia de que todo documento de civilización es al mismo tiempo documento de barbarie, de que documental y ficción son registros dialécticos y no dicotómicos, sino como la excelsa constatación de que “en realidad no hay un instante que no traiga consigo su oportunidad revolucionaria”.
Rossellini, cuando fue acusado de traicionar los principios del neorrealismo, de volverse infiel a su amor artístico para mantenerse fiel a su amor por Ingrid Bergman, en aquel momento su esposa, inmediatamente respondió: “el neorrealismo consiste en seguir con amor a un ser en todos sus descubrimientos, en todas sus impresiones.” Y probablemente no haya mayor impresión que el descubrimiento del amor como una sempiterna oportunidad revolucionaria, no el amor banalizado por la degradante sensiblería pseudo romántica, sino el sublime que nos eleva a una nueva dimensión existencial, real, realista, quizá neorrealista de espiritualidad.
Alexis Cabrolié Cordi
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